Dejan en el olvido al programa Jalisco es Nuestra Empresa
Moisés Mora Cortés
Clásicas tapatías de que el espíritu jamás llega al mediano o largo plazo, es sin duda alguna el otrora prometedor programa Jalisco es Nuestra Empresa, impulsado en los años noventa del siglo pasado por el empresario Jorge García Fernández (quien debió enfrentar el derrumbe de Hilasal Mexicana), junto con figuras del sector privado de la talla de Raymundo Gómez Flores, Adolf Bernard Horn, Abelardo Garcíarce Ramírez, Jorge Martínez Guitrón e Ignacio Aranguren Castiello, entre otros.
Se trataba de aplicar modelos exitosos del extranjero en cuanto al consumo de productos localmente elaborados, con insumos y materias primas propias de esta territorialidad, con elementos adicionales de economía circular, sustentable, renovable, emprendurismo y estímulos a la exportación, entre otras bondades, sin embargo, la emoción terminó más rápido que un matrimonio contemporáneo.
En ese esquema también se involucraron la Universidad de Guadalajara, el ITESO, la UAG e incluso el Tec de Monterrey, siendo únicamente la institución pública que le siguió con esa intención a través de Jalisco a Futuro, que (volvió a adivinarlo) también sucumbió con el paso del tiempo y regresamos con la clásica inventiva de cada trienio o sexenio gubernamental.
Claro está, también mucha responsabilidad en torno a ese visionario ejercicio había recaído en los organismos empresariales de la entidad, que mucho critican el cortoplacismo de las administraciones públicas, cuando en esas instancias se replican esas costumbres al gusto y placer de los dirigentes en turno, cuyas miras se centran en ser abanderados para un cargo público.
Muchos ejemplos de ello, los enfrentamos contemporáneamente en los tres niveles de ejercicio político, puesto que como bien dice el famoso refrán popular de “Zapatero a tus Zapatos”, porque como empresarios son muy buenos gobernantes, y es que desafortunadamente el espíritu vanguardista, entusiasta, comprometido y visionario termina cuando descubren la oportunidad del enriquecimiento perpetuo a través del servicio público.
No en vano nuestro amigo Guillermo del Toro lloró desolado durante su participación en el Festival Internacional del Cine de Morelia, al advertir la clase de mundo, país, entidad y ciudad que le estamos heredando a nuestros hijos, cuando nosotros recibimos uno muy diferente…





