Cacería de medios contra Roberto Galán
José Armando Escobar
La cita que se dio en el Senado de la República reunió a periodistas, futbolistas, entrenadores y presidentes con un objetivo claro: buscar una ley que regule la competencia deportiva y permita recuperar el ascenso y descenso en el fútbol mexicano.
Entre los asistentes estuvo el portero español del Club Atlético Morelia, Roberto Galán, quien tuvo los pantalones para plantarse frente a las autoridades deportivas de este país y hablar sin miedo sobre una realidad que muchos prefieren ignorar.
Galán explicó que invitó a compañeros tanto de la Liga de Expansión como de la Liga MX para que acudieran al Senado. Sin embargo, varios rechazaron la invitación por miedo a que su participación pudiera perjudicar sus carreras. De acuerdo con lo que señaló el propio futbolista, algunos jugadores le aseguraron que, si asistían a testificar en contra de la liga, podían perder sus contratos o incluso ser congelados posteriormente.
Y después de esto apareció otra parte del problema: algunos “periodistas” que comenzaron a atacar directamente al futbolista.
Las críticas fueron desde cuestionar que no hubiera debutado en la Liga de Expansión hasta señalar que es español y preguntarse qué podía saber él sobre el fútbol mexicano. Incluso se cuestionó por qué tenía que ser él quien representara la voz de los jugadores de la Liga de Expansión.
Pero cuando uno observa quiénes realizan esas críticas, también encuentra parte del problema. Algunos periodistas defienden abiertamente la desaparición del ascenso y descenso por órdenes de sus jefes y otros tienen relaciones cercanas con personas de la Federación.
Y ahí es donde el periodismo también debe hacer una autocrítica.
El periodista deportivo debería estar del lado de la información y el deporte, no de los intereses de sus jefes, de sus amigos o de las instituciones con que mantiene una relación. Cuando los intereses personales o económicos pesan más que la responsabilidad de informar, el problema deja de ser únicamente del fútbol mexicano y también alcanza al periodismo.
Ojalá de esta reunión salga algo positivo para nuestro fútbol. Ojalá quienes tienen el poder de tomar decisiones, entiendan que el deporte debe estar por encima de los intereses particulares.
Porque cuando los jugadores tienen miedo de hablar, cuando algunos periodistas tienen miedo de cuestionar y cuando los dirigentes tienen miedo de presentarse frente a quienes los señalan, entonces queda claro que el problema del fútbol mexicano es mucho más profundo que un simple partido de 90 minutos.
El fútbol mexicano necesita volver a competir. Pero, sobre todo, necesita volver a tener la libertad de hacerlo.




