Persisten “listas negras” de medios y periodistas
Club de Periodistas de Jalisco
Siempre han existido y a la velocidad de la evolución democrática en que nos encontramos, sin duda alguna llegaron para quedarse y nadie debe llamarse por sorprendido, toda vez que en los medios, todos en algún momento han formado parte de ellas desde el ámbito gubernamental u opositor, a menos que su incidencia sea tan irrelevante que a nadie les preocupe.
Desafortunadamente es una terrible realidad que creímos superada con la alternancia política, pero resultó peor desde aquella ocasión en que la administración panista de Alberto Cárdenas presentó una relación de medios de comunicación y periodistas que recibían dádivas y prebendas, además de por supuesto, el consabido presupuesto publicitario gubernamental.
También Francisco Ramírez tenía su listado y lo hacía evidente con su desdén a los informadores “disidentes”, al igual que lo hizo el mismo Emilio González Márquez “con su pinche papelito” y sus respectivos sucesores del PRI, Jorge Aristóteles Sandoval Díaz, con su plana de incondicionales y enemigos, al igual que de Movimiento Ciudadano, Enrique Alfaro Ramírez, célebre por sus “carpetotas” de agravios que mostraba en algunas entrevistas, por lo que no extrañaría su vigencia hoy en día.
En ese nivel de desenvolvimiento democrático nos encontramos lamentablemente también, con los primeros relevos políticos a nivel nacional, en donde priístas, panistas y morenistas premian a los amigos e incondicionales con publicidad gubernamental y a los adversos, por muy profesionales o competentes que estos sean, absoluta indiferencia y desdén hasta llevarlos a la inanición financiera que facilite su adquisición por los actuales gobernantes, casualmente.
En una efectiva democracia caben las disidencias por igual que las coincidencias, así como las diferencias de opinión y hasta las posiciones ideológicas, por lo que las políticas de Estado deberían ser igualitarias y equitativas para todos, con infaltables ingredientes como profesionalismo, arraigo, audiencia, pertinencia y sustentabilidad, por supuesto, pero es tan enana la visión de la clase política que subsiste la creencia de que quien critica, observa, señala, prueba y evidencia, es un enemigo a ultranza y habrá que erradicarlo y obstruirlo, aunque claro está, primero habrá que identificarlo, segregarlo e incluirlo en una absurda relación para que desde los afines, el encono sea lo más generalizado posible.




