Crisis del agua sí pudo anticiparse para evitar afectaciones
Miguel Ángel Rodríguez Martínez
El abastecimiento de agua potable ha sido un problema recurrente en el Área Metropolitana de Guadalajara (AMG). Sin embargo, durante la primera semana de octubre, la situación alcanzó una dimensión crítica cuando cientos de colonias de Guadalajara, Zapopan, Tlaquepaque y Tonalá recibieron agua oscura, turbia, con sedimentos y olores semejantes al drenaje. Las condiciones del suministro generaron preocupación por posibles afectaciones a la salud y obligaron a numerosas familias a realizar gastos adicionales para atender sus necesidades cotidianas.
La inconformidad ciudadana se expresó mediante denuncias en redes sociales, difusión en medios de comunicación, manifestaciones y bloqueos de vialidades, particularmente el 5 de octubre. Ante la magnitud del problema, el Gobierno de Jalisco anunció medidas extraordinarias que implicarán restricciones en el abastecimiento durante aproximadamente seis meses.
La crisis no surgió repentinamente. Desde enero de 2026, habitantes de distintas colonias denunciaban la mala calidad del agua que recibían en sus viviendas. La persistencia de estas irregularidades durante los meses siguientes, demuestra que octubre no representó el inicio del problema, sino su agravamiento, después de que las primeras señales fueran conocidas públicamente.
¿Qué ocurrió para que alcanzara esta dimensión? Los antecedentes revelan condiciones acumuladas durante años. Parte del agua proveniente del Lago de Chapala continuaba transportándose por el antiguo sistema de abastecimiento, a través de los canales de Atequiza y Las Pintas, expuestos a descargas de aguas residuales, basura y otros desechos. En junio, el SIAPA reconoció 34 descargas de aguas residuales, siete bajo responsabilidad del propio organismo. A principios de octubre circularon, además, videos de presuntos vertimientos clandestinos mediante pipas, que motivaron investigaciones anunciadas por las autoridades.
La persistencia de estas fuentes de contaminación coincidió con el rezago en la modernización de la infraestructura de potabilización, particularmente en Miravalle. Las lluvias de finales de septiembre y principios de octubre, agravaron las condiciones del sistema, según las explicaciones oficiales. La combinación de contaminación, infraestructura antigua y limitaciones en el tratamiento del agua, contribuyó a que las irregularidades denunciadas, terminaran afectando a una población mucho mayor.
Las autoridades estatales habían intervenido previamente. Entre enero y marzo se realizaron trabajos de limpieza y desazolve en Las Pintas, con una inversión de 23.6 millones de pesos. Aunque permitieron retirar azolve y vegetación acuática, no eliminaron las descargas contaminantes. El 6 de octubre, el Gobierno de Jalisco anunció la suspensión temporal del aprovechamiento del antiguo sistema de Chapala y Las Pintas, decisión que reducirá el volumen disponible y obligará a establecer tandeos durante aproximadamente seis meses.
La crisis tampoco puede atribuirse exclusivamente a una instancia gubernamental. La Federación tiene atribuciones sobre las aguas nacionales y las descargas sujetas a su jurisdicción, mientras que las autoridades locales intervienen en la potabilización y prestación del servicio. Esta distribución de competencias exige coordinación e inversiones para sustituir infraestructura deteriorada, modernizar plantas y rehabilitar redes de distribución, pero también evaluar por qué las intervenciones realizadas, no consiguieron evitar el agravamiento del problema.
Mientras las respuestas gubernamentales se concentren en medidas emergentes y coyunturales, sin corregir las condiciones que originan el problema, las crisis seguirán repitiéndose.
Lo ocurrido en mayo de 2024, enero y octubre de 2026 muestra cómo las afectaciones pueden manifestarse mediante desabasto o mala calidad del agua, pero comparten deficiencias estructurales que permanecen sin resolverse. La recurrencia de estos acontecimientos exige pasar de las intervenciones temporales a soluciones que permitan garantizar la continuidad y calidad del suministro.
El problema tampoco es exclusivo de Jalisco. Otras áreas metropolitanas del país enfrentan contaminación de sus fuentes de abastecimiento, deterioro de infraestructura y dificultades para garantizar el servicio.
Guadalajara representa una advertencia: cuando las condiciones que provocan una crisis son conocidas y permanecen sin resolverse, las medidas emergentes únicamente contienen sus efectos inmediatos. Anticiparse exige identificar esas condiciones, atenderlas oportunamente y evaluar los resultados antes de que vuelvan a comprometer el abastecimiento de agua a la población.
Hagamos de la seguridad, una disciplina, una norma de conducta y un principio de observancia.




