Ya aprendió el sector privado a navegar en soledad
Moisés Mora Cortés
Con tanta convulsión política e incompetencia gubernamental en las últimas décadas, el sector privado ya aprendió desde hace varios años a navegar solos sin esperanza alguna en el tan ofertado cambio que promueven por igual partidos políticos y candidatos sin rubor alguno, a sabiendas de que no van a cumplir.
Es por eso que cada vez menor cercanía tienen con esos ámbitos y sujetos de la vida pública, porque además de incumplir, siempre buscan mil y más maneras de perjudicar sus funciones y acciones en las tareas productivas, muy lejos de lo que debería ser estrictamente en una comunidad.
También ese fenómeno dejó atrás los financiamientos de campañas que antaño eran tan fundamentales para políticos y partidos, mismos que llegaron a crearse instancias específicas para canalizar esos esfuerzos, y que terminaron desapareciendo a la luz de los magros resultados… no en vano, es cada vez más recurrente acudir al lado obscuro para obtener fondos o literal, son capaces de venderle “el alma al diablo” para conseguirlos.
Muchas de las veces, ni los propios financiadores de campañas lograban obtener los resultados esperados y a la hora de gobernar, casualmente los promovidos padecían Alzheimer y decían desconocerlos; claro está, todavía persisten las excepciones entre los amigos incondicionales, que de buenas a primeras, se convertían en empresarios y principales proveedores gubernamentales.
Así que la tendencia actual es la indiferencia y hasta menosprecio, puesto que por igual una vez que llegan al poder se les olvidan todas sus promesas de campaña y se sienten todólogos hasta que la realidad los golpea contra el piso, en donde sobran los ejemplos contemporáneos de esas realidades.
Fenómeno del que tampoco se libran sus propios correligionarios del sector empresarial, que como ya lo hemos visto, hasta repudiados llegan a ser casi inmediatamente, puesto que al arribar al servicio público se trastornan de manera impresionante al grado de desconocer quiénes los hicieron o ayudaron a llegar hasta esas posiciones de servicio público, creyendo que serán los últimos tres o seis años de su vida, extremando comportamientos, abusos, excesos, agandalles y latrocinios.
Con eso, ahora se entenderá por qué a los miembros del empresariado (de a deveras) por igual les da que llegue el prieto o el colorado, ya sea Trump o la mamá del muerto (como dicen los colombianos), el naranja o el guinda al poder, porque terminan por hacer exactamente lo mismo, complicarles la existencia, cobrarles más impuestos, imponer más restricciones y de pasadita hasta clavarse el dinero que todos aportamos “para el bienestar común”.





