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Poseer sin conocer, comprar arte a ciegas

ANTIFORMA

Fernanda Galindo

Crecí pensando que el arte se merecía, creía que el amor nacía de una mirada flechada por una necesidad insaciable de poseer aquello que nos genera intriga. Soñé con lograr saciar aquella intriga con una cucharada de adrenalina.

Le vendí mi vida a la pasión, quien con mucho gusto y aprecio se atrevió a navegar en mares de los cuales jamás creí probaría sus saladas aguas. Juré que la intriga jamás volvería a tocar mi puerta, pero vaya que pensamiento tan erróneo reinaba en mi mente.

La intriga llegó un mayo de 2026, pero se hacía llamar Blind Art y venía acompañada de una obra de un artista, cuyo nombre aún no guardaba en mi memoria, envuelta en un papel de sorpresa. En ese preciso momento logré comprender lo que a muchas personas les cuesta una vida entera descifrar. El arte no necesita referencias, ni el peso de un nombre respaldado por una firma para poder flecharte.

Y ahí estaba yo, flechada por una necesidad de poseer aquello que aún no lograba comprender en su totalidad, una obra de arte. Blind Art nace de la certeza de que el deseo no negocia con la razón, así como el arte y la pasión llegan sin aviso previo.

Nació por amor al arte, pero también acompañado de miedo, el mismo miedo que acompaña cada proyecto que se inicia por primera vez, sin garantía de cómo será correspondido.

Pero el amor, cuando es real no se espera a que el miedo decida marcharse para actuar. Sobrevive con él. Y así, entre el anhelo de soñar con compartir algo hermoso y la incertidumbre de no saber cómo sería recibido, Blind Art empezó a mandar cajas de todos modos. Porque al final eso es la pasión: uno no ama por miedo a salir lastimado. Uno ama por completo o no ama.

Cada caja que sale del taller va acompañada de dos cosas: la convicción de que dentro de ella va una obra o varias obras que merecen ser vistas y contempladas, y la inquietud de no saber si será recibida con el mismo amor con el que cada artista pintó sus trazos.

Y si de algo estoy segura, es de que Blind Art merece reconocimiento. Por atreverse a poner el reflector donde nadie lo hace, en el artista que está tejiendo su propia historia, en la obra que todavía busca dueño. Por darle a lo emergente la misma oportunidad, su propia dignidad. Este proyecto existe gracias a Charlize Pimienta, Michelle Leyva, Frey Munguía, Sofía Aguilar, Ofelia Malta y el profesor Carlos Serrano, quienes descubrieron que el reconocimiento solo necesita de alguien que se atreva a dárselo primero.

Si arriesgarse no da miedo,
probablemente no importa lo suficiente.

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