Donación de órganos, verdadera evolución humana
Mariana Aranguren del Bosque
No es ser influencer, traer el nuevo celular o estrenar auto o casa, en realidad una verdadera y efectiva evolución de humanidad entre nosotros mismos, es sin duda alguna, la donación de órganos cuando las circunstancias de vida propia ya no son suficientes; incluso puede afirmarse, es una extensión de nuestra propia existencia a favor de alguno de nuestros semejantes.
Hoy en día, en nuestro país y el resto del mundo, una de las mayores crisis sanitarias es la urgente necesidad de órganos transplantados a personas que enfrentan graves enfermedades y cuya única posibilidad de subsistencia es que se encuentra disponible entre algún familiar compatible, que en realidad es muy rara esa oportunidad, o como ocurre habitualmente de manera contemporánea, pueda obtenerse de un cadáver de reciente defunción.
Si no fuera por la excelsa generosidad de algunas familias, cuando enfrentan la dolorosa realidad de un fallecimiento o muerte cerebral entre sus cercanos, cientos de enfermos, logran recuperar sus vidas por semejante acto de amor y solidaridad con otros seres humanos, que incluso sin conocerlos, les extendieron la oportunidad de seguir entre nosotros. Nuestra realidad hoy en día es que se requieren cientos de miles de órganos para transplantarse.
Desafortunadamente en nuestro país, a diferencia de lo que ocurre en naciones europeas o de Norteamérica, es tal el nivel de desconfianza y corrupción, que naturalmente una petición de colaboración o participación a esa estatura de humanismo, como quizás ningún otro ejercicio, deriva en la crítica escasez en la disposición de órganos que salven vidas atormentadas con infinidad de padecimientos crónicos que reclaman tanto riñones como hígados, pulmones o corazón, ya no digamos también tejidos indispensables para renovar piel en personas lesionadas en incendios o accidentes.
Para contrarrestar semejante aberración en México, es indispensable que el sector salud facilite ese tipo de procesos en todas las instalaciones hospitalarias del país, que los expertos y profesionales en ese ámbito dejen atrás la codicia y ambición de enriquecerse con esos procedimientos, que las farmacéuticas y laboratorios también hagan lo propio con medicamentos más accesibles y exámenes menos onerosos, para que en consecuencia todos los mexicanos podamos advertir una verdadera y efectiva evolución como sociedad en el propósito de multiplicar la accesibilidad en torno a la donación de órganos en la sabiduría y convicción de que todos estamos colaborando para facilitar la situación y que nadie va a ganar nada más que bendiciones y reconocimiento social y colectivo por brindar vida, salud y bienestar a sus semejantes.




