El gran pozo del arbitraje mexicano
José Armando Escobar
Para poder hablar del arbitraje que se maneja en la Liga MX, necesitaría toda una enciclopedia. Estamos tan mal, pero tan mal, que sinceramente parece que los árbitros atraviesan uno de sus peores momentos en años. Cada árbitro marca lo que quiere, los protocolos parecen no servir y una misma jugada puede ser interpretada de cinco maneras diferentes por cinco silbantes distintos.
No existe un criterio uniforme. No se ponen de acuerdo sobre qué es mano y qué no lo es, qué merece una expulsión y qué no, o cuándo una jugada debe señalarse como penal. Y, mientras tanto, la sensación entre los aficionados es que determinadas decisiones, terminan favoreciendo siempre a ciertos equipos.
Todo esto no hace más que dejar en evidencia, la falta de consistencia que existe dentro del arbitraje mexicano.
El caso de Katia Itzel ha sido particularmente cuestionado. Desde mi perspectiva, la Liga la ha colocado en una posición en la que termina siendo el centro de las críticas, mientras los problemas estructurales del arbitraje pasan a segundo plano. Sus errores y decisiones han generado cuestionamientos, pero reducir todo el problema a una sola árbitra, sería ignorar las deficiencias que existen en todo el sistema.
Porque mientras todas las miradas están sobre Katia Itzel, también hay actuaciones cuestionables de otros árbitros como Maximiliano Quintero, Daniel Quintero y Víctor Cáceres. Incluso algunos de los silbantes con mayor experiencia, como el ‘Gato’ Ortiz, César Ramos y Adonai Escobedo, han estado involucrados en decisiones que generan dudas y polémica jornada tras jornada.
El problema, entonces, no es una persona. Es un sistema que parece incapaz de establecer criterios claros y consistentes.
El trabajo que realizan Juan Manuel Herrero y Armando Archundia al frente de la estructura arbitral, también merece una profunda revisión. Si año tras año seguimos viendo una decadencia en el nivel de los silbantes, es momento de preguntarnos qué se está haciendo para corregirlos.
Es una vergüenza que una liga como la mexicana, considerada una de las competiciones más importantes del Continente, tenga un arbitraje que en demasiadas ocasiones transmite una imagen de nivel amateur.
Aquí hace falta autocrítica. Hace falta reconocer los errores, analizar qué está fallando y tomar decisiones para corregirlo. Juan Manuel Herrero y Armando Archundia tienen la responsabilidad de responder por el trabajo que se está realizando.
Porque el arbitraje no puede depender de interpretaciones diferentes cada semana. La afición merece criterios claros, árbitros preparados y decisiones que generen confianza.
Y si quienes están al frente no son capaces de conseguirlo, entonces también tendrán que asumir las consecuencias de que el arbitraje mexicano siga estando en el centro de la polémica.




