Aprender a aceptar
Fernanda Galindo
Pasaba todos los días negando su existencia, rechazando su presencia, pero me era imposible: seguía cada uno de mis pasos. Me miraba al espejo y veía como su mano posaba en mi hombro, en cada mesa en la que me sentaba, ella tenía su lugar, que yo misma, inconscientemente le otorgaba.
Me tomó tiempo aceptar que no podía juzgar a la muerte por haberse enamorado de la vida de la persona, a quien yo más amaba. Supongo que mi soberbia, alimentaba mi ingratitud; mi inmadurez y miedo solo me hacían cuestionarme por qué no podía tener más tiempo a su lado. Pero nadie es suficientemente fuerte para vencer a la muerte.
Después de tantos años, pude ver a la muerte desde un lado noble y esperanzador. Y fue ahí cuando me di cuenta que, aquella presencia que me acechaba y yo negaba, era simplemente él.
Él partió una madrugada de enero, hace unos cuantos años, pero yo me despido y le deseo buen viaje cada día de mi vida. Logré entender que, por más que yo lo amé, amo y amaré, jamás me perteneció. Que implorar a la Luna su regreso no tendrá respuesta. Así que convertí la tristeza en amor: hoy vivo una vida para dos.
Si me lees desde el otro mundo, solo quiero que sepas que paso mi vida amándote y añorándote.
A la muerte, por enseñarme el privilegio de amar en vida.





