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Regresan las viejas costumbres

MÁS ALLÁ DEL MARCADOR

Natalia Naveja

Hay regresos que despiertan nostalgia y otros que despiertan pesadillas. Para el Barcelona, la vuelta de José Mourinho al clásico tuvo un poco de lo segundo. “The Special One” regresó al escenario de una de las rivalidades más grandes del futbol mundial y recordó que, a veces, para ganar no hace falta jugar a lo que el rival quiere, sino conseguir que se juegue a lo que uno necesita.

El Real Madrid llegaba con dudas, mientras el Barcelona de Hansi Flick buscaba reafirmar su dominio. Sobre el papel, los azulgranas tenían argumentos para imponer condiciones. Pero el futbol, por fortuna, no se juega sobre el papel.

Mourinho entendió que intentar ganarle al Barcelona en su propio juego podía ser una invitación al suicidio futbolístico. Ajustó su mediocampo, cerró los caminos interiores y aprovechó los momentos en que la presión culé dejaba a su defensa expuesta. No fue magia, fue preparación, lectura del partido y una buena dosis de atrevimiento.

El Madrid no necesitó presumir una posesión de museo. Requirió saber qué hacer con la pelota cuando la recuperaba. Encontró espacios, aceleró cuando debía y castigó los descuidos. Mbappé hizo el resto con dos goles, pero sería injusto quedarse solamente con el francés. Lo de Bellingham fue celestial, de esos partidos que te hacen pensar si lo que vemos es de este planeta, mientras Cucurella firmó una actuación espectacular, convirtiéndose en un auténtico calvario para Yamal y apagando buena parte del peligro catalán. Dos actuaciones que demostraron que, en un clásico, la genialidad para atacar y la inteligencia para defender pueden ser igual de determinantes.

Pero ¿en qué momento confundimos jugar bien con jugar de una sola manera? La posesión es una herramienta, no una religión. Tener una identidad no significa aferrarse a ella, aunque el rival haya encontrado la manera de desarmarla.

El Barcelona pecó de fidelidad a su propio estilo. Cuando el Madrid le cerró los caminos y explotó sus espacios, faltaron respuestas. Porque una cosa es defender tus ideas y otra convertirlas en dogma.

Eso sí, tampoco hace falta coronar al portugués por una sola victoria. Cuando se gana, la pizarra es una obra maestra, cuando se pierde, el mismo planteamiento se convierte en una estupidez. Mourinho es provocador, polarizante, calculador y enemigo de los discursos complacientes. Su figura divide opiniones, pero reducirlo a sus polémicas sería ignorar su capacidad para convertir un partido en una batalla de decisiones.

Que regresen las viejas costumbres. Las de competir sin pedir permiso y recordar que dominar la pelota no siempre significa dominar al contrario. Porque “The Special One” puede tener muchas artimañas, pero hay una que sigue incomodando a sus detractores, sabe encontrarle las costuras al rival.

Y si de paso le arruina la fiesta al Barcelona, difícilmente va a quejarse.

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Es publirrelacionista y comunicóloga, enfocada en medios publicitarios y marketing. Apasionada por el deporte y los eventos, su interés por la comunicación la ha llevado a encontrar en el periodismo deportivo, una forma de compartir su visión, analizar la actualidad deportiva y contar las historias que conectan al deporte con las personas.

natalia.naveja@ntiemp.com.mx

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