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La letra chiquita del deporte femenil

MÁS ALLÁ DEL MARCADOR

Natalia Naveja

En México nos encanta hablar de garra. Admiramos a quienes se abren camino, superan obstáculos y demuestran que pueden llegar lejos, incluso cuando las condiciones no están de su lado. Pero a veces confundimos la capacidad de resistir con la obligación de tener que luchar el doble para conseguir lo mismo. Y en el deporte femenil, esa diferencia importa. Porque detrás de cada logro, hay una historia de talento y esfuerzo, pero también una pregunta incómoda ¿por qué a las mujeres todavía les toca demostrar tanto para recibir el reconocimiento que merecen?

Charlyn Corral acaba de ponerle números a una discusión que lleva demasiado tiempo sobre la mesa en cuanto a la capacidad femenina para el futbol. Con 46 goles en 46 partidos, la delantera del Pachuca conquistó el Trofeo Gerd Müller femenino en la gala del Balón de Oro. Una cifra que habla por sí sola, aunque en el fútbol femenil parece que ni los goles alcanzan para ahorrarse las explicaciones.

Scarlett Camberos también hizo historia al convertirse en la primera mexicana en ser nominada al Balón de Oro femenino, abriendo una puerta que ninguna futbolista de nuestro país había cruzado antes. A esto se suma el América Femenil, nominado a mejor club del año. Tres motivos para poner al fútbol mexicano en la conversación internacional y recordar que aquí hay talento de sobra. Sin embargo, qué curioso, cuando las mujeres destacan, el mérito suele venir acompañado de un asterisco, como si hubiera que revisar la letra chiquita antes de reconocerles, lo que en el fútbol varonil muchas veces se da por sentado.

Y no se trata de regalarles aplausos ni de bajar la exigencia deportiva. Se trata de aplicar la misma vara. Porque si una futbolista necesita romper récords para conseguir atención, mientras a sus colegas hombres se les construye una narrativa alrededor de cada gol, el problema no está en su capacidad, sino en los criterios con los que decidimos quién merece protagonismo. El hilo conductor no es la falta de talento, sino la facilidad con la que cuestionamos el talento de ellas y reconocemos sin tantas reservas, el de ellos.

El fútbol femenil mexicano se está abriendo paso. Hay talento, hay trabajo y los resultados empiezan a hablar por sí solos. Charlyn, Scarlett y el América son prueba de que se están haciendo bien las cosas. Pero el crecimiento no puede depender únicamente de las hazañas individuales ni de las nominaciones históricas. También necesita cobertura constante, patrocinios y oportunidades para que las nuevas generaciones encuentren un camino más abierto que el que tuvieron que recorrer sus antecesoras.

Mantener el status quo es cómodo, aplaudir cuando hay una hazaña, publicar cuando hay un récord y volver a lo de siempre, cuando termina la ceremonia. Lo incómodo es cuestionar por qué el talento femenino necesita tantas pruebas para obtener un reconocimiento que debería depender de su rendimiento, no de su género.

Al final, las mujeres no están pidiendo que les regalen un lugar en la cancha. Están demostrando que pueden ganárselo. La pregunta es por qué, incluso después de hacerlo, todavía hay quienes necesitan que lo demuestren una vez más.

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Es publirrelacionista y comunicóloga, enfocada en medios publicitarios y marketing. Apasionada por el deporte y los eventos, su interés por la comunicación la ha llevado a encontrar en el periodismo deportivo, una forma de compartir su visión, analizar la actualidad deportiva y contar las historias que conectan al deporte con las personas.

natalia.naveja@ntiemp.com.mx

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