El adiós de un verdadero líder social y empresarial
Mariana Aranguren del Bosque
Al margen de su rudo actuar y controvertido proceso de evolución, nadie puede negar que Raymundo Gómez Flores fue uno de los más grandes líderes sociales y de los negocios en Jalisco, siempre determinado, comprometido y entusiasta porque se transformara el desarrollo de Jalisco a pesar de la vulgar y torpe clase política que opera en esta entidad.
Con dinero de su bolsillo se emprendió lo que alguna vez fue un instrumento trascendente para el crecimiento y desarrollo del Estado, como lo fue Jalisco a Futuro, instancia en la que posteriormente intervino la Universidad de Guadalajara y con ello se disolvió para jamás volver.
De la misma manera que Don Adolfo Bernard Horn, impulsaba el esfuerzo conjunto de los empresarios locales, con visión y sacrificio para que se desarrollara la entidad, Raymundo hizo lo propio con ideas, talento, recursos y determinación para que los cambios sucedieran y favorecieran a todos sin distingos, sobre todo orientado en las nuevas generaciones.
Lamentablemente, aunque no había otra alternativa partidista competente del todo para esas fechas, Gómez Flores asumió el abanderamiento priísta para emprender esfuerzos en ese propósito, y peleó innumerables batallas ecológicas, pro-industriales y tecnológicas para que nuestra sociedad evolucionara, pero para variar se antepusieron las críticas, envidias, resentimientos o ofuscamientos, que resultaron severos frenos a esos intentos sanos y objetivos por evolucionar.
Muy similar a los esfuerzos de Jorge Vergara, el otrora capitán de Minsa y DINA, entre otros corporativos, silenciosa y generosamente impulsaba liderazgos y talentosos hombres y mujeres de la entidad para que llegaran lejos en los ámbitos deportivos, culturales, sociales, políticos y empresariales a niveles nacional e internacional, en donde abundan los ejemplos exitosos que muchos conocemos, y uno que otro apuntado solo para presumir.
Desafortunadamente ya no se encuentra entre nosotros, pero Raymundo nos deja encaminada a su hija Altagracia en las labores políticas y públicas de la mano de Claudia Sheinbaum, convirtiéndose en una alternativa sana, unificadora, trascendente y entregada a las causas sociales, por lo que no dude que a diferencia de su señor Padre, quien alguna vez soñó con ser alcalde de Guadalajara y posteriormente gobernador de Jalisco, ella sí puede lograrlo y sin duda unificaría a una entidad que ya se hartó de los políticos de siempre que prevalecen en la mentira, el engaño y la simulación… al tiempo..!




