A romper la barrera del conformismo
José Armando Escobar
En este mercado de fichajes hemos visto cómo solo uno, o posiblemente dos futbolistas (Armando González y tal vez Érik Lira), han dado el paso hacia el fútbol europeo, dejando atrás la comodidad del balompié mexicano. Una comodidad que les da mucho dinero y fama y que, a cambio, los mantiene en un nivel regular con tal de conservar esos beneficios materiales.
Por otra parte, hemos visto el regreso de tres futbolistas mexicanos que militaban en el fútbol europeo (Jorge Sánchez, Orbelín Pineda y César Huerta) a nuestra liga. Pasado el Mundial, nos preguntamos cómo es que no logramos cruzar esa barrera de los octavos de final desde hace tantos años. Pero ¿cómo queremos hacerlo, si el futbolista mexicano es conformista?
El futbolista mexicano espera que llegue el Real Madrid, Barcelona, Bayern Múnich o algún otro equipo grande a tocar la puerta y solicitar sus servicios. Pero si llega un equipo de segunda división inglesa, de la liga belga, portuguesa o griega, tanto futbolistas como parte del gremio periodístico lo discriminan, tachándolo de “equipo chico” o cuestionando por qué debería ir a jugar a una liga de menor jerarquía.
Esa mentalidad tiene que cambiar. Hay que romper esa barrera, porque la imagen del futbolista mexicano en Europa está manchada: se le percibe como un jugador flojo, caro y, sobre todo poco productivo. Y para cambiar esa percepción no basta con esperar una oportunidad en un gigante europeo; hay que salir, competir y demostrar que el futbolista mexicano puede triunfar también lejos de casa.
Por eso espero que “Hormiga” González y Érik Lira lleguen a triunfar en sus respectivos equipos. Si ellos lo hacen, dejarán mejores cartas de presentación para el futbolista mexicano. Su éxito puede abrir la puerta para que, en los próximos años, otros jugadores sean considerados por equipos de mayor jerarquía.
Pero primero hay que romper esa barrera del conformismo. Hay que atreverse a jugar en el lodo, a mancharse las manos y a recorrer un camino que quizá no sea el más cómodo, pero sí el que puede cambiar la percepción que existe sobre nuestro fútbol.
Porque las próximas generaciones necesitan un camino labrado por el éxito de quienes hoy tienen la oportunidad de abrirlo.




