Cuando el riesgo rebasa las fronteras
Miguel Ángel Rodríguez Martínez
En las columnas anteriores señalamos que la inseguridad en México no es un fenómeno reciente y que su evolución no puede comprenderse únicamente a partir de acontecimientos violentos o indicadores estadísticos. La percepción de inseguridad refleja cómo la sociedad identifica cambios en su entorno, mientras que el análisis de las amenazas permite reconocer que organizaciones delictivas transforman sus capacidades, métodos de actuación y espacios de influencia.
La respuesta del Estado mexicano ha evolucionado de manera paralela. Las instituciones, marco jurídico, estrategias y capacidades de seguridad se han modificado conforme las condiciones del riesgo han cambiado. Pero algunas actividades relacionadas con la delincuencia organizada han adquirido características que rebasan el ámbito estrictamente nacional.
Esto conduce a una pregunta necesaria: ¿qué ocurre cuando el riesgo que enfrenta un Estado, rebasa sus propias fronteras?
Una parte de la respuesta se encuentra en la capacidad del Estado para establecer relaciones con otros países y organismos. La cooperación internacional, si bien no sustituye las capacidades nacionales, complementa mecanismos de coordinación, intercambio de información, investigación e inteligencia.
México ha construido, particularmente desde la década de 1990, una amplia red de relaciones con diferentes regiones del mundo. Actualmente cuenta con tratados de libre comercio con 52 países de América del Norte, América Latina y el Caribe, Europa y Asia-Pacífico. Esta red ha favorecido la integración comercial mediante inversiones, construcción de cadenas productivas y diversificación de mercados.
Esta condición también debe observarse desde una perspectiva de seguridad, ya que los mismos flujos legítimos que permiten el intercambio de mercancías, capitales y personas pueden representar un área de oportunidad para que las organizaciones delictivas aprovechen cadenas logísticas, mercados, estructuras financieras y corredores de movilidad para el tráfico de drogas y armas, lavado de dinero, contrabando y otras actividades relacionadas con la delincuencia organizada.
Esto no significa que los tratados comerciales generen inseguridad. Lo que implica es que la integración modifica el entorno en el que se manifiestan amenazas y, con ello, también se modifican condiciones del riesgo.
Por esta razón, los instrumentos de cooperación internacional resultan necesarios para combatir a la delincuencia organizada transnacional, el tráfico ilícito de armas y otros fenómenos que trascienden las fronteras. Dentro de esta amplia red de relaciones, Estados Unidos representa un caso particular en materia de seguridad.
La frontera común que comparte con México, movilidad de personas y mercancías, profunda integración económica y presencia de actividades relacionadas con organizaciones delictivas, generan una relación en la que existen riesgos e intereses compartidos, que no necesariamente son iguales para ambos países.
La cooperación bilateral de seguridad entre México y Estados Unidos se enfoca en asuntos como el tráfico de drogas y armas, el intercambio de información, investigación, extradiciones, seguridad fronteriza y combate a organizaciones criminales transnacionales.
La dinámica global, interdependencia e importancia de proteger espacios, infraestructura y flujos del mercado, hacen necesario mantener mecanismos de coordinación en el marco del Programa de Cooperación sobre Seguridad Fronteriza y Aplicación de la Ley, con participación de instituciones mexicanas de seguridad, defensa, inteligencia, procuración de justicia, aduanas, energía y migración.
Debemos tener presente que la seguridad de una frontera, aduana, carretera, puerto o cadena de suministro puede tener efectos que trasciendan el lugar donde se presenta una vulnerabilidad.
Esta condición adquiere nuevas dimensiones al reconfigurarse cadenas productivas internacionales y el fenómeno conocido como nearshoring. México puede adquirir una importancia todavía mayor como plataforma productiva y logística para el mercado norteamericano.
Esto representa una oportunidad económica, pero también modifica el entorno de riesgo. Carreteras, ferrocarriles, puertos, aeropuertos, aduanas, energía, telecomunicaciones, parques industriales y corredores logísticos adquieren un valor estratégico mayor cuando forman parte de cadenas de suministro, cuya continuidad depende de condiciones de seguridad.
Las organizaciones delictivas tienen como área de oportunidad, aprovechar esos espacios. La penetración de actividades ilícitas en cadenas logísticas, mercados, corredores de movilidad o actividades económicas, representa una condición que debe considerarse al evaluar el riesgo.
Por ello, el crecimiento de la integración económica no debe observarse únicamente desde la perspectiva de sus beneficios. También requiere analizarse a través de sus vulnerabilidades que pueden acompañarla y de las capacidades para evitar que sean aprovechadas por amenazas.
La experiencia de las últimas décadas muestra que el Estado mexicano ha ampliado sus capacidades de seguridad, no solamente mediante reformas, instituciones y estrategias internas. También ha desarrollado una capacidad relacional que le permite cooperar, coordinarse y negociar con otros Estados y organismos frente a riesgos que pueden superar las fronteras nacionales.
La seguridad, por tanto, debe analizarse considerando ambos espacios: la capacidad del Estado para responder dentro de su territorio y capacidad para relacionarse con un entorno internacional que también se encuentra en transformación.
El reto consiste en comprender cómo esos cambios modifican el riesgo y determinar si las capacidades disponibles permiten conocerlo, anticiparlo, prevenirlo y gestionarlo de acuerdo con condiciones reales del territorio.
Porque cuando el riesgo cambia de dimensión, también cambia la responsabilidad del Estado para comprenderlo y atenderlo.
Y, finalmente, todas esas decisiones, relaciones y capacidades terminan teniendo una expresión concreta en el territorio y en la vida cotidiana de la sociedad.
Hagamos de la seguridad, una disciplina, una norma de conducta y un principio de observancia.




