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Preparación y meritocracia, las más grandes mentiras públicas

SIN MIRAR A QUIÉN

Mariana Aranguren del Bosque

Desde los años ochenta del siglo pasado, en que nuestro país evolucionó institucional, académica y empresarialmente, se emprendió una intensa promoción por la preparación de alto nivel al servicio de esas instancias en el entendido de privilegiar competencias y formación estratégica en la ocupación de cargos directivos, científicos y de servicio público.

Esa pretendida evolución llevó a una buena cantidad de profesionales a buscar alternativas en México y el extranjero para llegar con las mejores cartas credenciales a ocupar puestos de alto nivel en el ejercicio público o privado, sin embargo, para variar, ese efecto duró muy poco tiempo en sus respectivas esferas, toda vez que advirtieron amenazas en aspectos tales como lealtad personal (muy preferido por los latinos), así como eventuales posibilidades de que el aprendizaje y/o experiencia se trasladara a la creación de otras empresas que compitieran contra las que originalmente premiaron la capacidad profesional de esas nuevas generaciones de profesionistas

Ya no se diga en el ámbito gubernamental en sus tres esferas de ejercicio, que cada trienio se reinventa, establece nuevas reglas de reciprocidad y de nueva cuenta, en el fiel estilo de la lealtad latinoamericana (en donde nos encontramos los mexicanos) debía prevalecer el espíritu de agradecimiento y sumisión por las oportunidades brindadas.

Fue así como varias generaciones de especialistas con maestrías y doctorados, en prácticamente todas las disciplinas del conocimiento, se fueron quedando fuera de las organizaciones públicas y empresariales porque advirtieron que el modelo de meritocracia amenazaba con desterrar prácticas corruptoras y de reciprocidad perpetua a los tomadores de decisiones.

Eso explica que de manera contemporánea, esa tendencia de procurar altas preparaciones académicas se fueran desplomando, porque además también se redujeron los sueldos y salarios para cargos de altas competencias (las mismas universidades, salvo algunas privadas), con lo que los incentivos y aspiraciones se rezagaron a meros intereses personales de aprendizaje y egocentrismo, más que a propósitos de llevar a nuestro país a una mayor evolución competitiva, no tan solo a nivel continental, sino también global, que hubiese sido el escenario ideal para un país que alguna vez soñó con ser un actor fundamental en el mundo… desafortunadamente el espíritu latino se antepuso a los sueños de grandeza nacional.

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Mariana Aranguren del Bosque es antropóloga egresada de la Universidad de Harvard y con estudios de posgrado en periodismo y comunicación; asesora a diversos medios informativos de América y Europa, en materia lingüística y planeación estratégica, además de orientar sus estudios y análisis en los fenómenos mediáticos que impactan a las sociedades contemporáneas. opinion@notiemp.com.mx

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