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Mejorar la seguridad en las escuelas

EL BAÚL AZUL

Miguel Ángel Rodríguez Martínez

En México, la violencia dentro y fuera de las escuelas se ha convertido en un inconveniente significativo que impacta de manera negativa en la seguridad física, moral y psicológica de la comunidad educativa, en los espacios físicos y activos de valor de cada una de las instalaciones, pero el impacto más significado se centra en el desarrollo social y educativo de los estudiantes.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) destaca que en el primer semestre del 2025, México presentó altos índices de violencia escolar que lo ubican como el primer lugar en casos de acoso escolar. Es decir, siete de diez niños sufren algún tipo de acoso, insultos, amenazas y violencia física.

La Secretaría de Educación Pública (SEP) destaca que en los últimos cinco años, la violencia escolar creció 205%, convirtiéndose en un problema estructural que tiene repercusiones psicológicas, sociales y económicas.

El director de la PAB (Plataforma Anti Bullying) destaca que la estadística de violencia escolar está íntimamente relacionada y es semejante con los índices de violencia que se registran a nivel nacional.

Este dato nos lleva a escenarios violentos en entornos escolares, como los enfrentamientos que se desarrollan cerca de las escuelas y agresiones que sufren personas de la comunidad educativa en accesos de los espacios físicos escolares. Por desgracia estos acontecimientos ya son recurrentes y se han estado normalizando en el pensamiento social.

La organización social Mexicanos Primero desde enero de 2025 ha denunciado que la inseguridad y los hechos violentos son un riesgo elevado que impacta en la seguridad de sus estudiantes y ponen en riesgo el derecho por aprender.

Los Estados del país con registros de enfrentamientos y agresiones cerca de las escuelas y que han tenido que cerrar de manera temporal sus instalaciones son: Baja California, Chiapas, Ciudad de México, Estado de México, Guanajuato, Guerrero, Michoacán, Morelos, Sinaloa, Sonora y Chiapas.

Por último, los robos a los centros educativos con la intención de obtener recursos materiales, financieros o tecnológicos, es otro tema que ya se convirtió en recurrente para esas instancias a nivel nacional.

Quizá este sea un argumento por el que 14.4% de la población encuestada por el INEGI, manifestó sentirse insegura dentro de los centros educativos. Este dato es ligeramente más alto al que se registró al cierre del año 2024 (13.9 por ciento).

Como se puede apreciar la inseguridad en las escuelas resulta una dificultad creciente y preocupante. Se perciben eventos peligrosos de diferente naturaleza. Resulta evidente la falta de protocolos y buenas prácticas de prevención y seguridad educativa.

También es inminente que estos factores generan condiciones propicias para que los eventos peligrosos detonen e impacten en activos vulnerables como es la comunidad universitaria en quienes los efectos resultan físicos, morales y psicológicos, instalaciones y sistemas tecnológicos que por lo regular son objeto de daños, recursos materiales y financieros que son el objetivo de amantes de lo ajeno y las propias tecnologías de la información, de las cuales se busca obtener información sensible y datos personales que puedan ser utilizados para obtener beneficios económicos.

Lo más preocupante es que no permiten que haya espacios libres de peligro, ambientes pacíficos y condiciones adecuadas para el desarrollo social y educativo.

Para mejorar los niveles de seguridad, la SEP diseñó y puso a disposición de todos los centros educativos del país, el plan general de Escuela Segura, por su parte, los Estados y Municipios aplican estrategias de cobertura y protección de entornos escolares, pero estos actos únicamente tienden a contener de manera temporal algunos eventos peligrosos, por lo que en lo particular no mejoran de manera inmediata y permanente la seguridad.

A efectos de tener resultados positivos en el corto, mediano y largo plazo, se necesita que los consejos de dirección de las escuelas, asuman el compromiso de considerar la seguridad como un principio y elemento esencial en todas las actividades escolares, deben tener la capacidad de diseñar planes estratégicos que motiven un proceso de gestión integral de la seguridad en sus centros educativos, diseñar y dirigir la aplicación de protocolos específicos que atiendan sus propias necesidades, promover una cultura de prevención y seguridad, educar e involucrar a la comunidad para que colaboren en lograr esas condiciones libres de peligro y espacios seguros que tanto necesitan para que la educación se desarrolle en un ambiente agradable y pacífico.

Hagamos de la seguridad, una disciplina, una norma de conducta y un principio de observancia.

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Es experto en planeación estratégica, gestión de riesgos y seguridad patrimonial, además de académico en la Universidad Panamericana

miguel.rodriguez@notiemp.com

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