¿Somos una nación de derechos u obligaciones?
Mariana Aranguren del Bosque
Con un país cuyos indicadores económicos son de terror, en donde el soporte financiero legal no supera una tercera parte del PIB y el resto lo completan el lavado de dinero, derivado del crimen organizado y el narcotráfico, resulta imposible que se pueda acceder a plenitud a los derechos consagrados en nuestra Constitución, ya sean de salud, educación, seguridad, vivienda, etc.
En una lectura somera y superficial a nuestras condiciones económicas, podría suponerse que los ciudadanos demandan más derechos y no son recíprocos en sus obligaciones, comenzando con la legalidad y formalidad fiscal; pero luego nos acordamos que tenemos unos gobiernos irresponsables y despilfarradores como para hacernos plenamente responsables de nuestras obligaciones.
Por consecuencia, es urgente un nuevo consenso social en donde se regulen y controlen todos los entornos relacionados con la economía y productividad de nuestro país, quizás con menos impuestos y burocracias, sobre todo aquellas gandayas de excesivos salarios y prestaciones, puesto que nos queda claro que las competencias jamás se asimilan a los sueldos que se autoasignan.
Terrible es admitir que hasta el momento ningún gobierno ha sido capaz de resolver la escasez de instalaciones de salud, al igual que sus equipamientos, instrumentales y medicamentos, ya no digamos en cuanto a escuelas dignas, esquema de procuración y administración de justicia, se refiere, entre otros.
De igual manera, la profunda corrupción y baja formación educativa que adolece nuestra comunidad, sin principios, ni valores fundamentales, en mucho explica el caos y anarquía que actualmente enfrentamos con niveles preocupantes de salvajismo y barbarie, que de milagro no se ha transformado en una revuelta social canibalesca en distintas regiones de la República.
Ojalá muy pronto emerjan los liderazgos sociales que México requiere para evolucionar sus indicadores de competencia con el resto del mundo, en donde trascendamos más allá por nuestro corazón, enjundia, solidaridad, empatía y felicidad, para transformarnos en una comunidad corresponsable, respetuosa, íntegra, participativa, incluyente, honesta y sociable, como para empezar.




