A 25 años de arrebatarnos el sueño y esperanzas
Mariana Aranguren del Bosque
Una mañana prometedora en el arranque del nuevo milenio ofrecía seguir con la lucha por trascender y evolucionar en nuestra comunidad, el pasado 11 de septiembre del año 2001, solo que en un instante, la transmisión televisiva de la cadena noticiosa CNN nos recordó la fragilidad humana frente al emocional impulso de la irracional confrontación ideológica y religiosa.
Literal, como se afirma en el popular tema de Emmanuel, “todo se derrumbó…” no solamente en los sueños, sino también la tranquilidad y la esperanza porque imperara el raciocinio, tolerancia y coexistencia entre tantas diferencias colectivas, más aún en una de las ciudades norteamericanas más cosmopolitas e inclusivas del planeta como lo es New York.
Todos los planes, expectativas y aspiraciones debieron ser reconstruidas luego de los ataques terroristas que golpearon almas, corazones y bolsillos de la humanidad que guardaba el anhelo de aspirar a una verdadera evolución de la raza que disfruta y administra temporalmente lo heredado por sus ancestros, sin embargo, la involución muy de moda en nuestro país actualmente, regresó los relojes al menos un siglo atrás para volver a construir sobre las ruinas de la guerra, el encono y enfrentamiento entre semejantes.
Nada justifica que esa generación de terroristas haya trastornado el progreso colectivo que paulatinamente se estaba alcanzando en el mundo, además de enlutar a miles de familias norteamericanas y de otras latitudes del orbe, por una absurda lucha por imponer una creencia religiosa y posición ideológica incompatibles con el crecimiento y desarrollo de la humanidad.
Los ataques terroristas del 11 de septiembre pospusieron propósitos, anhelos, sueños y esperanzas de miles de millones de personas alrededor del mundo, que todavía hasta la fecha no se repone del impacto multifactorial que eso representó desde entonces, y obliga a autoridades de entonces y a la fecha a imponer el orden y la justicia que nos corresponde a todas las víctimas directas e indirectas que a la fecha esperamos nos sean resarcidos los daños materiales, físicos, emocionales e incluso espirituales… con todo y eso, jamás volvimos ni volveremos a ser los mismos temporales habitantes de un planeta y sociedad que pareciera negarse a evolucionar, crecer, multiplicar y desarrollar lo que nos heredaron con tanto esfuerzo nuestros antecesores.




