Zacatecas: Cuando el territorio está en disputa
Miguel Ángel Rodríguez Martínez
Los acontecimientos violentos registrados recientemente en Zacatecas, obligan a observar la seguridad desde una perspectiva diferente. El ataque con explosivos contra la Comandancia de Seguridad Pública Municipal de Ojocaliente, ocurrido el pasado 30 de agosto, podría incorporarse a la estadística como un episodio más relacionado con la delincuencia organizada; pero sus características, el objetivo seleccionado y antecedentes permiten una lectura más amplia.
La explosión de un vehículo frente a las instalaciones policiales dejó 11 personas lesionadas, daños severos en 10 viviendas, afectaciones menores en otras 53 y daños en 15 vehículos. De acuerdo con las autoridades federales, contenía aproximadamente 200 kilogramos de explosivos.
La cantidad importa por su capacidad destructiva, pero también obliga a preguntarnos por las capacidades necesarias para obtener materiales, trasladarlos, acondicionar el vehículo, seleccionar el objetivo y perpetrar el ataque. El explosivo es el medio; la capacidad para utilizarlo permite dimensionar la evolución de la amenaza.
Ojocaliente no representa un hecho aislado. Las autoridades han señalado que en Zacatecas se han registrado 23 agresiones con explosivos durante las dos últimas administraciones estatales, seis mediante vehículos. A ello se agregan artefactos improvisados, dispositivos colocados en caminos y explosivos transportados mediante drones.
Los números dimensionan el fenómeno, pero no lo explican. Una parte importante de estos acontecimientos ha tenido como objetivo instalaciones, vehículos o integrantes de las fuerzas de seguridad. Esto modifica la pregunta: ¿qué pretende afectar una organización delictiva cuando dirige sus capacidades contra quienes representan la presencia y actuación del Estado?
Para aproximarnos a una respuesta debemos observar el territorio. Su valor estratégico depende de lo que contiene y conecta. Zacatecas colinda con ocho entidades y por su territorio atraviesan las carreteras federales 23, 44, 45, 49 y 54, con importantes puntos de articulación en Fresnillo y la zona metropolitana de Zacatecas, que conectan regiones del Centro y Occidente con el Norte del país.
La geografía adquiere así una dimensión de seguridad. Las autoridades han señalado la disputa entre organizaciones delictivas por el control territorial y de rutas como una de las líneas de investigación de la violencia reciente. El territorio deja de ser solamente el lugar donde ocurre la violencia para convertirse también en parte de aquello que se disputa.
Controlar una ruta puede significar asegurar movilidad, acceso a mercados y espacios para actividades ilícitas; la presencia de las fuerzas de seguridad puede limitar o interrumpir esas capacidades. Las repercusiones trascienden entonces el objetivo inmediato: pueden ser institucionales, territoriales, económicas y sociales.
También se han diversificado los medios utilizados. Las armas de fuego conviven ahora con explosivos improvisados, vehículos acondicionados, drones adaptados y dispositivos colocados en caminos. Su empleo requiere conocimientos, materiales, logística, preparación y selección de objetivos. No se trata solamente de medios diferentes, sino de una evolución de capacidades.
El empleo de explosivos no convierte automáticamente un acontecimiento violento en terrorismo. Deben considerarse también el objetivo, intención, efectos y finalidad perseguida. La premeditación, recurrencia, selección de fuerzas de seguridad como objetivo y los efectos de temor sobre la población son características que obligan a ampliar el análisis.
Frente a esta dinámica, el Gobierno de Zacatecas tampoco ha permanecido estático. Entre 2021 y 2026, las policías municipales pasaron de 950 a 1,464 elementos y la Policía Estatal de 1,234 a 2,310 integrantes. La inversión anual para fortalecer las corporaciones municipales aumentó de 51 a 452 millones de pesos.
Estamos frente a una relación dinámica: mientras el Estado fortalece sus capacidades, la amenaza también modifica las suyas. Por ello, debemos distinguir entre prevenir y responder. Prevenir exige identificar cómo evoluciona la amenaza y reducir vulnerabilidades; responder permite recuperar el control, investigar y contener sus efectos.
El reto consiste en desarrollar ambas capacidades, pero con una prioridad: anticipar el riesgo antes de que la amenaza aproveche vulnerabilidades existentes. Porque cuando el territorio está en disputa y la amenaza modifica sus capacidades, también debe cambiar la manera de comprender, prevenir y gestionar el riesgo. Y, Zacatecas no es el único lugar del país donde esta transformación comienza a manifestarse.
Hagamos de la seguridad, una disciplina, una norma de conducta y un principio de observancia.




