El cristal con que se mira, la realidad colectiva
Mariana Aranguren del Bosque
En verdad es doloroso que nuestra sociedad se ha vuelto comodina y agachona con respecto a la realidad que enfrenta, puesto que no le interesa investigar, corroborar y verificar la información que recibe, sino que le basta con asimilarla, según su percepción política y rechaza otras versiones distintas.
Peor aún, lejos de apelar a los medios formales de comunicación y a periodistas acreditados, experimentados y reconocidos, de manera creciente aprueba y acepta como cierto lo que algunos influencers u opinadores de redes sociales les aseguran que ocurre en su comunidad, sin cuestionamiento alguno ni contrastar con otras fuentes informativas para construir un mejor criterio y apreciación sobre la situación real.
De acuerdo con el Digital News Report 2026, los afines a la Cuarta Transformación solamente consumen contenidos favorables a ese movimiento que gobierna el país desde hace más de 7 años, y denosta y recrimina todas las voces adversas a sus criterios, consideraciones y forma de ver la administración y resultados de la segunda administración consecutiva del Partido Morena, aceptando y siendo cómplices de su corrupción e incompetencias.
También rechaza informaciones noticiosas imparciales y sin sesgo alguno, con lo que mucho se explica el cinismo y cerrazón de sus seguidores a no escuchar ni atender o comprender el real desempeño o desenvolvimiento de los gobernantes y sus colaboradores, colocándose en los ojos y oídos una especie de pañoleta y tapones para evitarse el riesgo de que “el rumor de la discordia” los haga dudar o desconfiar de sus mandatarios.
Dicha situación nos ubica a nivel mundial entre las naciones con menor consumo crítico de noticias, como si nuestra comunidad fuera analfabeta o sin educación alguna en los ámbitos cívicos, políticos ni sociales, por supuesto, con una sociedad altamente informada, competente y civilizada que hace mutis y muestra total indiferencia al respecto, que ya no participa en procesos electorales ni de lucha colectiva, como si gozara de la polarización y la autodestrucción contemporánea de nuestra Nación.




