Parece coche bomba, pero no hay que verlo así
Miguel Ángel Rodríguez Martínez
El pasado 30 de marzo se publicó en medios electrónicos y redes sociales, un video en el que una camioneta pick-up explota, mientras circulaba en la autopista México-Pachuca, a la altura del municipio de Tecámac, en el Estado de México. La explosión se origina en el interior del vehículo. No se observa que fuera perseguido o que el objeto haya sido lanzado desde otro automóvil.
Fuera de que las víctimas estén relacionadas con la delincuencia organizada y que tengan registros de antecedentes penales, surgen datos relevantes. El video se publicó días después de la fecha en la que se suscitó el evento y ante esta situación, las preguntas obligadas son ¿Por qué las autoridades tienen que esperar hasta que haya evidencias públicas sobre este tipo de acontecimientos?, ¿No es más prudente que se anticipen a los cuestionamientos para evitar señalamientos de encubrimiento, protección o incapacidad?
El segundo dato relevante se refiere al lugar del que salió la camioneta, previo a que explotara. Nos referimos al Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA). Se trata de una instalación militar, cuya seguridad está a cargo de la Secretaría de la Defensa Nacional. En este apartado, es necesario saber si los sujetos que fueron víctimas de la explosión, arribaron en un vuelo comercial al AIFA, si acudieron a ese lugar por el artefacto explosivo o si les colocaron el artefacto dentro del vehículo.
Sobre el primer planteamiento, sería preocupante confirmar que el artefacto explosivo, haya sido trasladado a bordo de un avión comercial, que se hayan vulnerado los protocolos de seguridad del aeropuerto de procedencia, que haya participado personal de control y seguridad y que se haya expuesto la integridad física de la tripulación y pasajeros durante su traslado.
En el segundo planteamiento, sería penoso saber que la instalación militar fue utilizada por integrantes de la delincuencia organizada para ingresar, entregar y recoger el artefacto explosivo, aprovechándose de las facilidades que presentan los sistemas de seguridad de la instalación y en particular del estacionamiento.
Si se llegara a confirmar este planteamiento, surgirían cuestionamientos que pondrían en duda el grado de confianza del personal militar y civil que labora en el aeropuerto, así como la eficacia y efectividad de los protocolos de control, protección y seguridad de las salas de entrada y salida, al igual que de los estacionamientos y la propia instalación física del aeropuerto, aunque estos últimos estén abiertos al público en general.
Respecto al tercer planteamiento, sería un aspecto con el que se cuestionará a la Secretaría de la Defensa Nacional por la vulnerabilidad de los estacionamientos del aeropuerto y por el deficiente trabajo de los servicios de seguridad. Lo más delicado del planteamiento, es que puede haber cuestionamientos sobre la posible complicidad de personal castrense en la entrega del artefacto explosivo, así como en el encubrimiento a los delincuentes, durante su permanencia y salida del aeropuerto.
Vayamos al tercer dato relevante. Tiene que ver con la declaración de la Fiscalía General del Estado de México, que señaló que los sujetos que transitaban en la camioneta, llevaban consigo y dentro de la cabina, el artefacto explosivo, que a pesar de lo anterior, no están en condiciones de señalar las causas precisas de la explosión y que no pueden afirmar que se tratara de un coche bomba.
Lo interesante de esta declaración es que las propias autoridades judiciales del Estado de México reconocieron la existencia del artefacto explosivo en el interior del vehículo y su posterior detonación.
Si dicho artefacto era transportado por las víctimas se puede percibir que explotó en lugar por accidente, pero es un hecho que tendría el mismo destino en otra fecha y otro lugar. Si fue colocado con premeditación, se puede señalar que explotó en el lugar indicado y con las consecuencias planificadas previamente.
El sentido que tomen las declaraciones de la Fiscalía General del Estado de México, orientará la hipótesis al primero o segundo dato relevante. En ambos casos, sería alarmante, ya que confirmaría las vulnerabilidades de los aeropuertos del país, el involucramiento de autoridades y trabajadores de aeropuertos en actividades ilícitas y el riesgo al que están expuestos de manera permanente los usuarios que diariamente se trasladan en las diferentes aerolíneas que operan en el país.
Si esto es preocupante, es más alarmante seguir escuchando a las autoridades decir que no se trata de un coche bomba, que no hay que verlo de esta manera, cuando en los hechos se demuestra lo contrario y cuando en la realidad de nuestro país, el uso de artefactos explosivos y de actividades terroristas, es una constante de los grupos delictivos, como se muestra en Zacatecas, Michoacán, Jalisco, Sinaloa y Tabasco, por mencionar algunos Estados del país.
Hagamos de la seguridad, una disciplina, una norma de conducta y un principio de observancia.




