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Venezuela: crónica de una operación anunciada

EL BAÚL AZUL

Miguel Ángel Rodríguez Martínez

Inicia el 2026 a tambor batiente. El despertador del sábado 3 de enero fue la noticia de los bombardeos en Venezuela, la detención de Nicolás Maduro junto con su esposa y su traslado a Estados Unidos para ser juzgados por una Corte de Nueva York.

Este acontecimiento no fue fortuito, tiene un tiempo de vida de varios años. Fue organizado y planeado por un periodo de tiempo prolongado. Se llevó a cabo en el momento en el que las condiciones eran las más adecuadas. Tampoco se trata de un acontecimiento que tenga carácter de “Top Secret”, ya que fue tema central de la narrativa oficial del gobierno norteamericano.

Se aprecian, en el caso de Venezuela, tres elementos centrales que destacan en la crónica de la operación militar anunciada y que ofrecen un panorama amplio sobre su origen y evolución hasta lograr el cumplimiento de la misión. Estos elementos son: el petróleo, el narcotráfico y la estrategia de seguridad nacional del gobierno de Donald Trump.

Por supuesto, el primer tema es el petróleo. Desde que Nicolás Maduro tomó posesión como presidente de Venezuela, a partir del año 2014, aplicó políticas públicas y energéticas que impactaron en la población y en la economía venezolana. También hubo consecuencias negativas en el extranjero. Esto motivó sanciones a su gobierno, de parte de la comunidad internacional, bajo argumentos de acciones represivas, corrupción y por el rompimiento de acuerdos comerciales en materia energética con varios países del Continente.

En el año 2019, durante su primer mandato, Donald Trump fue más severo con Venezuela. Impuso sanciones a 150 empresas y embarcaciones, etiquetándolos de llevar a cabo operaciones comerciales con pocas garantías y obligaciones, por operar con banderas falsas y por llevar petróleo a Cuba en embarcaciones sancionadas previamente por Estados Unidos.

Del 2019 al 2024, el gobierno norteamericano declaró de manera intermitente y selectiva bloqueos marítimos a Venezuela, pero durante el 2025, estos bloqueos se fueron intensificando hasta que se generalizaron en diciembre, mes en el que se incautaron dos embarcaciones petroleras que trasladaban crudo a Cuba. Durante todo este periodo, las autoridades estadounidenses han acusado a Nicolás Maduro de conspirar contra su país, robando petróleo y activos norteamericanos.

El segundo tema es el narcotráfico. En el año 2020, el Departamento de Justicia de Estados Unidos ofreció una recompensa de 15 millones de dólares por Nicolás Maduro, a quien señaló de colaborar con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) para utilizar la cocaína como un arma e inundar Estados Unidos con esta droga. Esa recompensa subió a 25 millones de dólares en enero del 2025 cuando se autoproclamó ganador de las elecciones en su país y, en agosto del mismo año, la fiscalía de justicia norteamericana incrementó la recompensa a 50 millones de dólares, acusando a Nicolás Maduro de ser uno de los mayores narcotraficantes del mundo, ser el líder de las organizaciones criminales “Los Soles” y “Tren de Aragua”, además de tener vínculos con el cártel de Sinaloa, ser responsable de los delitos de narcotráfico, promover actos de conspiración terrorista, traficar armas de fuego y dispositivos de destrucción, conspirar con cocaína y promover el ingreso de drogas a territorio de los Estados Unidos.

Al asumir su segundo mandato en enero de 2025, Donald Trump homologó a los grupos del narcotráfico como terroristas, y designó a la organización delictiva “Tren de Aragua” como organización terrorista internacional; el 24 de noviembre hizo lo propio con la organización criminal denominada “Los Soles” y posteriormente, el 16 de diciembre, ya en el cierre del año, le dio la misma denominación al gobierno de Nicolás Maduro.

El tercer tema es la estrategia de seguridad nacional del gobierno de Donald Trump. En este campo de acción hay varios indicadores que ayudan a comprender la inminente operación militar y la detención de Maduro y su esposa.

Fue en enero de 2025, al asumir su segundo mandato, cuando designó a los cárteles de la droga como amenazas a la seguridad nacional de su país y asumió la postura de estar en un conflicto armado, por lo que era necesario el uso de la fuerza militar para proteger sus fronteras.

El 8 de agosto de 2025, el gobierno de Trump autorizó el despliegue militar en el Caribe, frente a las costas de Venezuela, bajo la justificación de ser necesaria para el control fronterizo y su seguridad nacional.

Del 2 de septiembre y hasta el 31 de diciembre de 2025, tropas norteamericanas atacaron 34 ataques embarcaciones venezolanas, señaladas de transportar droga con destino a Estados Unidos; en noviembre de 2025, el gobierno de Donald Trump alertó y suspendió los vuelos comerciales hacia y desde Venezuela.

Hasta el 3 de octubre de 2025, el presidente de los Estados Unidos configuró su estrategia militar, clasificó el tipo de conflicto armado en contra de los cárteles de la droga y definió las reglas del juego. Los ratificó como terroristas lo que significa, de acuerdo con sus declaraciones firmadas que son enemigos de Estados Unidos y los definió como grupos armados no estatales, por lo que el tipo de conflicto armado a utilizar será el de carácter no internacional.

Para el 5 de diciembre de 2025, las autoridades de Estados Unidos anunciaron cambios en su estrategia de seguridad y declararon que Estados Unidos será el guardián y garante regional para mantener el control fronterizo y la seguridad hemisférica, que tiene el derecho a utilizar la fuerza letal para combatir a las amenazas que representan el narcotráfico y los cárteles de la droga.

Luego el 10 de diciembre de 2025, aviones militares de Estados Unidos, iniciaron vuelos de reconocimiento a inmediaciones de las costas de Venezuela, bajo la cobertura de actividades de entrenamiento rutinario y el 29 de diciembre del mismo año, la CIA atacó con drones, una instalación portuaria en la costa de Venezuela.

En los dos primeros días de enero de 2026, las tropas de los Estados Unidos intensificaron los vuelos de reconocimiento y de inteligencia en las costas de Venezuela.

A primeras horas del día 3 de enero de 2026, se llevó a cabo la denominada operación militar a gran escala, que consistió en un acciones militares simultáneas entre actividades de inteligencia, ataques a instalaciones estratégicas del país (militares, aéreas, de comunicaciones y electricidad), así como en el ingreso de las tropas norteamericanas a la instalación en la que se encontraba Nicolás Maduro y a su esposa en la ciudad de Caracas, hasta lograr su detención y traslado a Estados Unidos para ser juzgado.

Como se puede apreciar no se trató de una operación casual y secreta. Tampoco se puede considerar como actividades esporádicas, ya que fueron muchos años en los que el gobierno norteamericano, principalmente el de Donald Trump, fue concatenando su estrategia militar para incursionar en la ciudad de Caracas y actuar en contra de Nicolás Maduro.

Estas actividades se intensificaron de manera sistemática en los últimos meses del año pasado, fueron acompañadas de un despliegue de inteligencia que logró identificar el momento en que las condiciones eran las más adecuadas para llevar a cabo la exitosa operación militar. Exitosa, porque se logró el objetivo planteado. De otra manera se hubiera clasificado como un fracaso.

Lo interesante de la estrategia fue el carácter con el que se definió “conflicto armado de carácter no internacional”. Fue orientado de manera específica hacia los cárteles de la droga de origen venezolano en su calidad de terroristas y grupos armados no estatales. Esta clasificación le da un margen amplio al gobierno de Trump para llevar a cabo operaciones militares, hasta en tanto no existan condiciones de estabilidad interna. En este contexto, el derecho internacional humanitario, es muy probable que sea utilizado por Estados Unidos para justificar sus acciones bajo el amparo de un ordenamiento regulador del conflicto. Trump ya anunció que mantendrá el control de Venezuela, que guiará un proceso de transición a la vida democrática del país y que, si es necesario, estará listo para otra operación militar.

Por último, llamó la atención, la facilidad que presentó el sistema de seguridad y defensa nacional de Venezuela para que las tropas norteamericanas llegaran hasta el corazón estratégico del país, ingresaron hasta los aposentos del presidente, lo detuvieron junto con su esposa, salieron sin problemas y lo trasladaron hacia Estados Unidos.

No se percibe que hayan tenido algún obstáculo que les impidiera o retrasará su misión. ¿Qué pasó con el despliegue naval, aéreo y terrestre?, ¿estaba incapacitado?, ¿no tenía los recursos suficientes para identificar en primera instancia la presencia de tropas extranjeras y en segunda instancia, hacerle frente de manera contundente, aunque fuera con sus limitaciones?

¿Qué pasó con el despliegue de inteligencia y contrainteligencia? Resulta irónico que a pesar de que, en la narrativa, Nicolás Maduro mencionó en varias ocasiones la probabilidad de invasión y de que en meses previos haya declarado emergencia nacional, se perciba que sus instituciones de seguridad, no tuvieron la capacidad para generar la información necesaria, identificar los preparativos de la operación militar y no estuvieron a la altura para que se pudiera garantizar la seguridad y protección de las instalaciones estratégicas que fueron atacadas, así como la su presidente y esposa.

¿Acaso será que el esquema de seguridad ya estaba fracturado y debilitado por cuestiones internas o que estaba pactada la operación? Existe esa probabilidad y el recuento de los daños puede ser un argumento que lo demuestre. Eso facilitó el ingreso de las tropas americanas al punto neurálgico del Estado venezolano y que pudieran cumplir con su misión, hecho que para algún sector de la comunidad internacional y del pueblo de Venezuela, es una invasión pero que, para otro sector, representa un acto de liberación del yugo opresor y dictatorial de Nicolás Maduro.

Para los países del Continente Americano que están en las mismas circunstancias que Venezuela, aplica el refrán que dice ¡Cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar!

Hagamos de la seguridad, una disciplina, una norma de conducta y un principio de observancia.

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Es experto en planeación estratégica, gestión de riesgos y seguridad patrimonial, además de académico en la Universidad Panamericana

miguel.rodriguez@notiemp.com

Comentarios
  • Excelente reseña y análisis D. Miguel. Es impresionante las reacciones encontradas. El 99% de los venezolanos están celebrando el acontecimiento, mientras que la comunidad internacional lo condena. Aquí aplicaría el dicho: “Desde fuera, la dictadura siempre parece un tema opinable.” Esperemos que todo vaya tomando su curso y sea lo mejor para el sufrido pueblo venezolano.

    enero 5, 2026
  • Sr., de Srs., exelente su opinión, Feliz Año Nuevo 🙏🏾…

    enero 5, 2026
  • Buenas noches estimados amigos. gracias por sus comentarios. es un tema delicado pero, nos da un panorama de la dirección que tomaran muchas de las acciones en el entorno internacional

    enero 8, 2026

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