La cuestionada estrategia de seguridad en Jalisco
Miguel Ángel Rodríguez Martínez
Cuando Pablo Lemus tomó posesión como gobernador, estaba claro que la inseguridad era uno de los problemas centrales que enfrentaría en los primeros meses de su administración. También fue evidente que ante su propuesta para resolver el problema y mejorar las condiciones de seguridad en el Estado, obligaba a sus colaboradores a desarrollar acciones eficientes, eficaces y efectivas, planteando objetivos medibles, cuantificables y mesurables.
El equipo de trabajo de Lemus estaba y está comprometido a trabajar arduamente y a dar resultados inmediatos y objetivos en el corto plazo, ya que las expectativas que generó en la población fueron muy altas y era evidente que, si no se lograban generaba dudas o cuestionamientos de parte de los diferentes sectores.
Durante la Glosa del Primer Informe de Gobierno en materia de seguridad, efectuada en el Congreso del Estado, se formalizaron los cuestionamientos que ya se venían haciendo de manera aislada e incipiente. Se cuestionó que la estrategia está fracasando, porque siguen las desapariciones de personas, el reclutamiento de jóvenes, el cobro de piso, el abuso y extorsión de parte de policías.
Se criticó la discrepancia que existe entre las estadísticas oficiales del Estado con los datos que aportan las organizaciones civiles y con los índices porcentuales en la percepción de inseguridad en la entidad, así como la adquisición de tecnología que aparenta, más material para una campaña publicitaria, que equipo útil para mejorar el trabajo de las instituciones de seguridad.
Debemos recordar que el Estado de Jalisco es considerado “per se” en el que su naturaleza propia ha motivado que, al margen de su desarrollo, se genere una dinámica delictiva, en el que la violencia ha sido parte de su “modus operandi”. A estas condiciones hay que incluirle la colindancia de entidades como Colima, Michoacán y Guanajuato, que se ubican en el top 5 de las más violentas, sin menoscabar a Zacatecas, Aguascalientes y Nayarit, que, en ocasiones, presentan alzas de violencia extrema.
En los números, sobre todo en homicidios y desapariciones, Jalisco presenta aunque sean datos provisionales, una disminución en comparación con la administración anterior: En homicidios bajó de 170 a 134 casos mensuales y en desapariciones de 93, los registros bajaron a 47. Son números importantes, el problema se centra en la percepción de inseguridad que, de acuerdo con los últimos datos del INEGI, se percibe que la suma integral del área metropolitana de Guadalajara se centra en 65%, dos décimas porcentuales por arriba de los datos registrados en el tercer trimestre del 2024.
Mientras los datos sean contradictorios a la percepción social, los cuestionamientos a los resultados de la estrategia seguirán siendo una constante. Probablemente sea conveniente incentivar otras alternativas no invasivas que permitan atender las causas sociales y culturales del problema, como la participación de la comunidad estudiantil, los temas éticos y de prevención en el campo de la seguridad escolar, así como una participación coordinada en actividades seguras para los colectivos de madres buscadoras, ya que fue un tema de campaña, ha sido una bandera de trabajo del gobernador, pero también ha sido un punto de cuestionamientos constantes, de parte de las y los integrantes de dichos colectivos.
Por otra parte, vemos a un gobernador que es el principal promotor de las reuniones de seguridad con las autoridades de los tres órdenes de gobierno. Observamos todos los días, la participación de esas autoridades que trabajan de manera colaborativa y coordinada, pero cuando se difunden los resultados de las acciones importantes, se centralizan en fechas posteriores que determina el gobierno federal. Esto disminuye el impacto del esfuerzo conjunto para mejorar las condiciones de seguridad y da pie a los cuestionamientos como los que se generaron en el Congreso del Estado, a pesar de que el secretario de Seguridad Pública haya sido claro y objetivo en sus comentarios y datos aportados.
Hay avances importantes, hay trabajos que están dando resultados, pero también es evidente que hay otros temas que se deben mejorar o reorientar para seguir avanzando y para que el Gobierno del Estado pueda cumplir con su promesa de garantizarle a la población, espacios públicos libres de peligro y el tránsito libre y seguro.
Hagamos de la seguridad, una disciplina, una norma de conducta y un principio de observancia.




