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Los retos de la cultura de paz en Jalisco

EL BAÚL AZUL

Miguel Ángel Rodríguez Martínez

El grupo parlamentario de Morena en el Congreso de Jalisco presentó recientemente un proyecto para reformar la Ley de Cultura de Paz, como una acción para contener el rezago estructural de seguridad y justicia que vive el Estado y con el propósito de reconciliar y reconstruir el tejido social, garantizar entornos de convivencia seguros y lograr la reconciliación.

En este proyecto destacan varios aspectos: 1) Coordinación entre autoridades y ciudadanía, 2) Fortalecer y consolidar la cultura de paz en todos los municipios, 3) Promover la participación ciudadana, 4) Garantizar la justicia social, equidad y desarrollo, 5) Generar condiciones de seguridad y de libre violencia para las mujeres, 6) Lograr la dignidad laboral, y 6) Llevar a cabo una educación de seguridad en las aulas

A simple vista, la propuesta resulta atractiva por varias razones: 1) Está alineada a la conceptualización universal de la seguridad, que reviste una condición que permite a la sociedad funcionar de manera ordenada, desarrollarse y convivir de manera pacífica en espacios en los que no se vea comprometida su seguridad física, moral y psicológica, sus derechos y libertades, ni la protección de sus bienes y patrimonio, 2) Tiene sentido cuando las estadísticas de la reciente Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana del INEGI, en la que a pesar de tener una tendencia a la baja, siguen siendo un tema preocupante para la población jalisciense que sigue percibiendo índices altos de inseguridad, sobre todo en la zona metropolitana de Guadalajara y que se focaliza en la violencia física, psicológica, emocional, sexual, económica, digital y tecnológica, 3) Resulta prudente cuando a simple vista se percibe la falta de participación ciudadana en temas de seguridad, problemas constantes en la infraestructura de los servicios públicos, condiciones de desigualdad social, un incipiente sistema de educación escolar, la constante degradación ambiental y el desabasto de agua en diferentes zonas del Estado.

Ahora veamos la otra cara de la moneda. 1) Actualmente está vigente una Ley de Cultura de Paz del Estado de Jalisco que tiene por objeto establecer los principios rectores en materia de Cultura de Paz y de impulsar acciones políticas, planes y programas inclusivos por parte de las autoridades estatales y municipales, 2) La administración actual en su Plan Estatal de Desarrollo y Gobernanza plantea que la cultura de paz, presenta una fractura profunda entre la ciudadanía y las instituciones de seguridad, y propone como estrategias para fortalecer la cultura cívica, garantizar los derechos fundamentales, promover la educación de seguridad en niñas, niños y adolescentes, recuperar espacios públicos y fortalecer el tejido social, así como atender como temas prioritarios los delitos de desapariciones y de violencia de género.

Lo que se puede apreciar es que, en ambos conceptos, se percibe la seguridad como una responsabilidad compartida entre el Estado y la sociedad, y que las autoridades están obligadas a diseñar y mantener actualizado el marco legislativo, asignar los recursos necesarios, mejorar las políticas públicas, llevar a cabo la gestión de seguridad pública, a través de procesos integrales y multidimensionales.

Lo que se debe señalar es que, si las fuerzas políticas del Estado tienen la intención de mejorar la cultura de paz en todos los municipios, deben trabajar de manera coordinada y colaborativa. Deberán dejar de lado los intereses partidistas e ideológicos, buscando un bien común. Deberán hacerlo mediante un diagnóstico de la situación actual en el que se logren identificar los aspectos que funcionan y los que presentan problemas, se deberán mejorar los aspectos positivos y reorientar los que presentan fallas; tendrán que surgir nuevos programas que sean acordes a las necesidades actuales, deben generarse procesos y programas integrales e inclusivos que permitan la participación ciudadana, las políticas públicas deberán de ser claras y concretas, las estrategias deberán permitir resultados tangibles, cuantificables y medibles.

La estrategia debe ser ambiciosa, impactar en la conciencia de la sociedad, romper la polarización, la pérdida de confianza y garantizar la consolidación de la cultura de paz y seguridad. Tendrá que empezar en los hogares, continuar en las escuelas y en los centros de trabajo. Su objetivo prioritario deberá centrarse en la paz social, en la calidad de vida de los ciudadanos y en su desarrollo económico.

Hagamos de la seguridad, una disciplina, una norma de conducta y un principio de observancia.

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Es experto en planeación estratégica, gestión de riesgos y seguridad patrimonial, además de académico en la Universidad Panamericana

miguel.rodriguez@notiemp.com

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