Asfixian mercado negro y contrabando a las empresas formales
Moisés Mora Cortés
Nunca antes habíamos visto tan generalizada la existencia de un mercado subterráneo e ilegal, que gravemente está afectando a una enorme cantidad de empresas, llevándolas a niveles insostenibles de sustentabilidad, en prácticamente todos los sectores industriales y comerciales, desde los energéticos, alimentos, medicinas, materias primas y hasta maquinarias.
Dicha situación, además de las diversas afrentas que representan generar empleos y riqueza en México, gradualmente están cancelando inversiones y cerrando oportunidades laborales, que agregado a los efectos del uso y abuso de la inteligencia artificial, pulverizan todos los indicadores de desarrollo, competitividad y evolución empresarial en estos días.
Evidentemente este fenómeno viene tutelado por condiciones de corrupción desde los más altos y medianos niveles y organizado a través de redes clientelares de reciprocidad a lo largo y ancho del país que nos tiene postrados a nivel de las finanzas públicas con generaciones de recursos por debajo de una cuarta parte de la economía formal, que vuelve imposible cubrir la enorme demanda de fondos para mantenimiento de infraestructura, atención de rubros tan indispensables y fundamentales como servicios públicos de salud, educación, seguridad, agua, energía y otros factores más, al igual que las jubilaciones y pensiones de millones de personas.
Cifras oficiales indican que más de 45% de nuestra economía está inmersa en esa sombra paralela de subsistencia nacional del contrabando, ilegalidad e informalidad, mientras que otro 30% (y creciendo cada vez más) se relaciona con lavado de dinero, producto del crimen organizado, a través de robos, fraudes, extorsiones, secuestros y asaltos, que mucho explican la fragilidad de las finanzas públicas de nuestro país.
Es decir, solo 25% de la economía formal, acreditada, responsable y cautiva es la que sostiene el erario nacional con las consecuencias que contemporáneamente conocemos, por lo que no es de extrañarse los crujidos financieros del sistema que milagrosamente todavía están soportando las cada vez mayores necesidades de la población, aunque créame que esa condición no podrá sostenerse por mucho tiempo.




