“Negocio que no rinda 5 tantos su inversión, no es rentable”
Moisés Mora Cortés
Tal cual esa es la máxima sentencia jalisciense para mantener operando negocios en estas tierras, por lo que cada vez menos empresas locales brindan empleos y desarrollo en su comunidad, siendo relevados por capitales de otras entidades de la región, así como provenientes de la ciudad de México, Monterrey, Sinaloa y hasta Veracruz.
La más reciente que mordió el polvo es Selva Mágica (que comandaba Eduardo Albor), otrora aliada del Zoológico Guadalajara, que seguramente al registrarse cambios de criterios e incluso de modelo de negocios, terminó por sucumbir en su existencia que tampoco se distinguió por extraordinarios servicios en sus 38 años de actividades al igual que por sus atracciones que más parecían de feria que de unas instalaciones vivas como dicho refugio de animales exóticos y en peligro de extinción.
A diferencia de sus otros competidores de la ciudad de México, Puebla o Monterrey, Selva Mágica no fue pretexto perfecto para hacer turismo hacia Guadalajara, como sí ocurría hacia esas metrópolis con parques de diversiones más avanzados, con excepción por supuesto de Calaverandia y otras atracciones hermanas más que todavía siguen presentándose en la capital jalisciense, aunque con limitaciones y excesivos precios.
De hecho, el mismo Zoológico Guadalajara se quedó estancado desde hace mucho tiempo en su oferta al turismo, no tan solo local sino también fuera de Jalisco y el extranjero, renovando la presencia de especies solamente pequeñas o medianas, sin conocerse desde hace varias décadas por la compra o traspaso de animales más llamativos para niños y sus familias.
Por cierto, que esa instancia de coparticipación pública y privada (al igual que el Centro de Convenciones Expo Guadalajara), encabezada por Sandra López Benavides, hace mucho tiempo que no transparenta sus operaciones ni clarifica si resulta ser viable y rentable financieramente para ambas partes (seguramente recibe un salario por ejercer la función de presidenta del Consejo), o si de lo contrario, sólo le resulta una carga presupuestal al gobierno tapatío con lo que su sustentabilidad quedaría en entredicho con escenarios críticos de una eventual disolución que dejaría muy mal parados a los jaliscienses a nivel mundial.




