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Escudo de las Américas y ¿México?

EL BAÚL AZUL

Miguel Ángel Rodríguez Martínez

El pasado sábado se llevó a cabo en el Trump National Doral de Miami, Florida, la Cumbre Escudo de las Américas, convocada por el gobierno de Estados Unidos a los presidentes de Argentina, Bolivia, Chile, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guyana, Honduras, Panamá, Paraguay, República Dominicana, y Trinidad y Tobago, con el objeto de discutir acciones conjuntas que permitan reforzar la seguridad regional, dejando fuera a naciones como México, Colombia y Brasil.

Los argumentos de Donald Trump se centraron en que el hemisferio Occidental es fundamental para la seguridad nacional de su país y que su gobierno requiere de la ayuda, cooperación y respaldo conjunto de los países latinoamericanos para enfrentar de manera más efectiva a las organizaciones criminales dedicadas al tráfico de drogas.

El acuerdo prioritario y que llamó la atención en dicha cumbre, fue la conformación de una coalición regional que permita usar fuerza militar letal para destruir y erradicar a los cárteles de la droga y sus redes terroristas, así como llevar a cabo acciones militares independientes por parte de los Estados Unidos en aquellos países en los que sus gobiernos no actúen con contundencia en contra de estas organizaciones criminales; por cierto, México fue declarado como el epicentro y principal foco de operación de estas organizaciones. Hay varios puntos que resultan relevantes y vinculatorios con este acuerdo.

Pete Hegseth, secretario de Guerra del gobierno de los Estados Unidos, ha mantenido una postura de que la acción militar directa, agresiva, y en algunos casos unilateral, debe ser la única vía para combatir al narcoterrorismo en América Latina, ya que las vías judiciales tradicionales han sido rebasadas, ya no son suficientes, ni mucho menos contundentes para erradicar a las organizaciones criminales.

Kristi Noem, fue nombrada por Donald Trump como la encargada de dirigir las tareas derivadas de los acuerdos de la Cumbre Escudo de las Américas. Por sus propias palabras, mantendrá una actitud dinámica y permanente en el combate al narcotráfico. Tiene clara su misión de destruir a los cárteles de la droga, vislumbra un poderoso ejemplo para el resto del mundo de lo que es posible hacer para conservar los ideales comunes de libertad, democracia y seguridad. Trabajará en el campo de la investigación, de la mano de la división de seguridad nacional y tendrá como brazo operativo al Departamento de Guerra.

Si en días pasados era optimista el mensaje de algunos especialistas por la destitución de Cristi Noem como secretaria de Seguridad, por el nuevo cargo que desempeñará no creo que el optimismo perdure. Tomemos en cuenta el mensaje central de la cumbre, las palabras de Trump, de Marco Rubio y de la propia Noem, pero sobre todo, consideremos la forma en la que aislaron a México en esta estrategia regional, la etiqueta que le dieron como epicentro de los cárteles de la droga de América Latina y la forma en la que Trump se expresó de la presidenta mexicana (no la ofendió, pero dejó claro el mensaje de sarcasmo y presión).

Otro acuerdo relevante es combatir a través de la coalición militar, la inmigración ilegal y masiva, el tráfico de personas y lograr acuerdos con los integrantes de la cumbre para enviarles migrantes deportados. Si bien Estados Unidos, ya había logrado contener de manera considerable la migración ilegal, esta estrategia tendrá un peso más contundente en la materia, sobre todo si consideramos la ubicación y situación geopolítica de los países participantes en la cumbre.

Las presiones del gobierno estadounidense a su contraparte mexicana, ya en el pasado habían tenido resultados contundentes, pero esta estrategia regional, será mucho más impactante a la política migratoria anunciada por la presidenta al inicio de su gestión, sobre todo en lo concerniente a la gestión de la migración irregular y al apoyo que ofreció para la movilidad humana en territorio nacional.

Es evidente que las acciones recientes emprendidas por el gobierno de Donald Trump, generarán un mecanismo de presión hacia las autoridades mexicanas. Una salida fácil desviando la atención del tema como ya es costumbre, no será la estrategia más adecuada. No se trata de dar una explicación sobre las decisiones del vecino del Norte. Hay que fijar una postura oficial, hay que considerar impactos y consecuencias a corto, mediano y largo plazo. Si bien siempre se debe anteponer la integridad de los mexicanos, la seguridad y soberanía nacional, debe haber una política firme que esté encaminada siempre a la solución de los problemas actuales.

Recordar las imágenes del pasado reciente sobre la violencia generada en gran parte del territorio mexicano que impactaron a nivel mundial y que los niveles en los que se ubica actualmente la percepción de inseguridad está en promedio de 70% de la población mayor a los 18 años.

Hagamos de la seguridad, una disciplina, una norma de conducta y un principio de observancia.

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Es experto en planeación estratégica, gestión de riesgos y seguridad patrimonial, además de académico en la Universidad Panamericana

miguel.rodriguez@notiemp.com

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