Paralelismo Venezuela-México y la amenaza Trump
Miguel Ángel Rodríguez Martínez
El pasado sábado 3 de enero, Nicolás Maduro fue detenido en la ciudad de Caracas, Venezuela, por las fuerzas armadas de Estados Unidos. La reflexión de este tema se centra en los siguientes antecedentes:
Donald Trump, desde que tomó posesión como presidente, señaló que la migración ilegal y el narcotráfico eran dos amenazas a la seguridad de su país; declaró a su frontera Sur como un tema de seguridad nacional, fortaleció su sistema de control con una fuerza militar.
Designó a los cárteles de la droga “Tren de Aragua” y “Los Soles” como organizaciones terroristas internacionales, a Nicolás Maduro lo señaló como el líder de los dos grupos criminales y a sus integrantes etiquetó como enemigos combatientes. Les declaró la guerra y la clasificó como un conflicto armado no internacional, se autoproclamó como árbitro para el control fronterizo del hemisferio, aumentó su despliegue militar en el Atlántico y el Caribe y llevó acciones armadas contra embarcaciones venezolanas, declaradas como transportadoras de droga.
De manera simultánea surgió el tema energético; su despliegue militar se convirtió en un bloqueo. Incautó dos embarcaciones que transportaban petróleo de Venezuela a Cuba y una más que tenía como destino Rusia. Todo bajo el amparo de sus leyes y debido a que se trataba de embarcaciones sancionadas previamente por las autoridades norteamericanas.
Este acontecimiento generó posturas encontradas en la comunidad internacional. Algunos sectores felicitaron a Donald Trump y le agradecieron la liberación del pueblo venezolano. Otro sector cuestionó la acción militar y calificó como una intervención armada, que atentó contra la soberanía, integridad, independencia y libre determinación de Venezuela, además de violar la Carta de las Naciones Unidas.
Para el gobierno mexicano, la detención de Maduro cayó como un balde de agua fría y se convirtió en un tema preocupante, sobre todo que comparten un sistema de gobierno similar, tienen una relación concatenada, ambos gobiernos han sido cuestionados por abusos a su población y también comparten acusaciones similares de parte de las autoridades norteamericanas.
Desde que Trump declaró a la frontera Sur de Estados Unidos como un tema de seguridad nacional y señaló a la migración ilegal y al narcotráfico como amenazas, ha cuestionado los resultados obtenidos por el gobierno mexicano. No han sido suficientes la reducción del flujo migratorio, las detenciones de delincuentes y el aseguramiento de droga.
Cuando el presidente de los Estados Unidos designó a cárteles de la droga como organizaciones terroristas internacionales, hizo referencia a grupos delictivos mexicanos.
Así como señaló el gobierno de Estados Unidos a Maduro y a sus funcionarios de dirigir a los grupos criminales de su país, también lo ha hecho con la presidenta, funcionarios y políticos mexicanos. A la presidenta cataloga como una persona aterrada para actuar en contra los grupos delictivos, a funcionarios y políticos los acusa de corruptos y estar involucrados con grupos criminales.
La declaración de guerra que Trump hizo a grupos de narcoterroristas no fue selectiva. En este contexto se consideran todos los grupos señalados en sus declaratorias, incluyendo los de origen mexicano.
Sobre el despliegue militar, si bien no hay paralelismo en los tiempos, en las formas sí lo hay. El despliegue militar norteamericano a inmediaciones de las fronteras y costas mexicanas se materializó desde el primer mes de su mandato.
Las declaraciones más recientes de Trump se han intensificado, tal y como se pronunciaron antes de la detención de Maduro, pero con una narrativa propia para nuestro país: ¡La presidenta de México está aterrorizada!, ¡A México lo gobiernan los grupos criminales!, ¡Algo hay que hacer por México!, ¡Vamos a empezar los ataques terrestres contra los cárteles!
En forma paralela, autoridades y congresistas estadounidenses han mostrado su preocupación y han señalado que, con la detención de Maduro, el gobierno mexicano se convirtió en el principal exportador de petróleo a Cuba y algo se tiene que hacer para que no sea así. Hasta el momento no hay un bloqueo petrolero a nuestro país.
La pregunta inevitable ¿Qué limita a Estados Unidos actuar en México cómo lo hizo en Venezuela? La respuesta es ¡Nada! La Unión Americana tiene una declaración de guerra con los grupos narcoterroristas y está amparada en sus leyes e intereses.
En este sentido, la Carta de las Naciones Unidas resulta infructuosa, sobre todo porque los registros marcan que a lo largo de la historia, ha bloqueado más de 80 resoluciones aprobadas por la ONU, simplemente por el privilegio de “veto” que le otorga ser uno de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad.
Ante esta circunstancia, el gobierno mexicano debe actuar con cautela, pero con rapidez, si bien debe ser firme en su postura ante los hechos de Venezuela, también debe ser perspicaz en su discurso, apegada a la Constitución y sin privilegiar intereses partidistas e ideológicos.
Debe ser garante de la soberanía, seguridad y defensa nacional, pero debe ser autocrítico de las estrategias de seguridad que están fallando y modificarlas para obtener resultados más contundentes.
Debe privilegiar los intereses nacionales sobre los extranjeros, aunque estos tengan carácter humanitario, evitar actos proselitistas y populistas, ser más prudente en la relación con los Estados Unidos, sobre todo por la dependencia que se tiene con el vecino del Norte y por las repercusiones que se pueden generar.
Hagamos de la seguridad, una disciplina, una norma de conducta y un principio de observancia.




