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Impacta a industrias y comercios, crisis del agua potable

ACTIVOS Y PASIVOS

Ignacio de Loyola de la Cruz

Si suministrar agua contaminada a un amplio sector de habitantes del área metropolitana de Guadalajara (un verdadero pecado mortal), conlleva por sentido común a una crisis sanitaria para su población, no me quiero imaginar el grave impacto que eso representará que también afecte a industrias y comercios, los que además de procesar alimentos, por igual son elaborados e intervenidos por negociaciones y restaurantes con destino a consumidores y turistas visitantes en general.

Con esa variante, la contaminación sanitaria se multiplica y será muy difícil contener mientras no haya respuestas inmediatas y permanentes a la crisis desatada por los descuidos e irresponsabilidades del personal y directivos del SIAPA, que para variar se lavan (¿con esa misma agua?) las manos y culpan a anteriores administraciones del caos y desorden que han generado.

Hasta antes de la pandemia (2019), la situación se encontraba bajo control y sin grandes complicaciones en el suministro del agua que entonces sí era potable, y así debía serlo por obligación y responsabilidad en torno a la crisis del Coronavirus; a lo sumo, se suscitaban tandeos, suspensiones temporales o breves cortes, no mayores a 72 horas… ahora sucede todo lo contrario.

Nunca antes se había proveído agua contaminada al área metropolitana de Guadalajara, con olores fétidos, ni tierra, heces, plantas o basura, como sucede ahora, y en esas fechas de finalización (año de 2023) del encierro generalizado por el COVID 19, el argumento era que por el aislamiento poblacional, dejaron de efectuar el respectivo mantenimiento preventivo por al menos dos años.

Hacia el 2024 que explotó la crisis generalizada, ya había pasado por lo menos un año de que la comunidad regresó a actividades públicas, tiempo suficiente como para revertir el rezago en el mantenimiento y atención de las plantas de tratamiento y monitoreo de las redes de suministro, como para que nunca hubiese llegado la discordia del agua apestosa (a huevo podrido o cañería), sucia (sin potabilización ni cloro) e insuficiente; nada de eso se corrigió y tal pareciera que a la fecha, más de dos años de crecer el terror hidráulico en la ciudad, siguen sin atender los legítimos reclamos de la población (y ahora los empresarios, junto con académicos y científicos), por una agua verdaderamente potable, consumible y utilizable para todas las tareas primarias de sanidad, limpieza y supervivencia a la que están obligados los gobernantes a proporcionar a sus ciudadanos… y por supuesto votantes.

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ignacio@notiemp.com.mx

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