El valor de hacer equipo con todos sin excepción
Ignacio de Loyola de la Cruz
Ese factor es el que distingue la evolución humana por sobre el retroceso en las distintas funciones de la vida pública y privada; sin duda, es el talón de Aquiles de nuestra sociedad y más aún del quehacer gubernamental y político de nuestros días, desafortunadamente.
Bien se afirma que el México actual se asemeja al de los años sesenta y setenta del siglo pasado, con un autoritarismo y paternalismo que mucho envidiarían Echeverría y Díaz Ordaz, mientras que al Estilo Jalisco no se cantan tan mal las rancheras, puesto que parecen seguir el mismo guión que llevó al panismo de Emilio González y al priísmo de Jorge Aristóteles a enfrentar sus peores derrotas electorales.
Si la enorme competitividad y maravillosa diversidad en todos los ámbitos caracterizan al país y al terruño tequilero, no hay cabida para el egoísmo y cerrazón del exclusivismo en las tareas públicas o privadas que privilegian 90% de lealtad y 10% de dominio en el tema, puesto que eso ha llevado a la autodestrucción a emblemáticas empresas como los liderazgos políticos.
Terrible ecuación que terminan pagando socios empresarios y trabajadores ciudadanos con despidos injustificados y carencias e incompetencias en los servicios públicos, en donde importan más las sonrisas en redes sociales que las soluciones a cruentas problemáticas que desde hace muchas décadas se enfrentan… y no solamente se posponen, puesto que siguen agravándose.
Pero además el sentido común dicta que primero se deben atender las emergencias más que las apariencias, los derechos fundamentales a los intereses personales, los acuerdos y compromisos a las circunstancias situacionales, porque de lo contrario, nuestras sociedades únicamente sobrevivirán al círculo vicioso del error tras error, con solo meras transiciones que retrasan el avance que reclaman los hijos y debemos a nuestros nietos.




