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Lecturas de la marcha de la Generación Z

EL BAÚL AZUL

Miguel Ángel Rodríguez Martínez

Anteayer se realizó una manifestación en varias ciudades del país, a la que llamaron marcha de la Generación Z. El preámbulo de la manifestación se centra en varios indicadores: 1) Percepción de la inseguridad prolongada en un porcentaje alto de la sociedad, 2) Índices de violencia que no bajan en las diferentes regiones, 3) Aparente falta de tolerancia e intentos de censura a la libre expresión y libre manifestación, de parte de la Presidencia de la República y de sus correligionarios en el Congreso de la Unión, 4) Reformas constitucionales acordes a los intereses ideológicos y políticos del partido en el poder, 5) Patrones habituales en las acciones que realiza el gobierno federal para desviar la atención de los acontecimientos relevantes y trascendentes, como la muerte del alcalde de Uruapan, derivada de una aparente falta de apoyo federal y estatal, 6) Negativa al uso de una bandera que presenta una calavera con sombrero de paja que ha sido utilizado como un instrumento de lucha en diferentes países y que representa a grandes rasgos “libertad, unidad, resistencia y desafío a los actos de opresión y abusos de las autoridades”, 7) Inconformidad ante la campaña premeditada de desprestigio, censura y tergiversación de las causas originales de la manifestación por parte del gobierno.

Estos indicadores nos obligan a pensar en el pasado reciente de nuestro país. Algo parecido se presentó en los años 2000 y 2018. La juventud de aquella época, ahora etiquetada como “chavo-rucos” por la propia presidenta de la República, manifestaron su inconformidad en las calles, buscaban un cambio, exigían la libertad, justicia y seguridad, exigían un México próspero y mejor. Algo muy similar al discurso de los promotores de la marcha del fin de semana.

Datos curiosos: 1) Figuras políticas actuales, en aquellos tiempos o formaban parte de la oposición o eran integrantes de organizaciones sociales que se caracterizaban por expresar su inconformidad de manera radical y que, por cierto, también participaron en las manifestaciones juveniles de las épocas, 2) En ambos años, el cambio del partido en el poder (PRI) se debió en gran medida a la participación de las juventudes. En el 2000 con el PAN y en el 2018 con MORENA.

Vayamos al entorno de la manifestación del fin de semana. La presidenta Claudia Sheinbaum fue la protagonista. Antes de la manifestación, se encargó de desacreditar a manifestantes, politizó el tema, involucró a actores de la derecha, señaló a patrocinadores y la inversión que realizaron, mostró el tema como si fuera algo ilícito. El día del evento, demeritó la participación de los jóvenes, cuestionó la participación del resto de la sociedad y acusó de ser promotores de la violencia.

Sobre el tema de la violencia de la marcha que se llevó a cabo en la Ciudad de México (aunque no fue la única), en cierta parte tiene razón la presidenta, pero hay que analizar las causas que pudieron detonar este tipo de conducta. En la información que se difundió, se pueden percibir algunos factores que incentivaron la violencia: 1) Hubo presencia de personas afines a López Obrador que intentaron persuadir a los manifestantes para no marchar, 2) Se infiltraron integrantes de organizaciones radicales en el contingente, 3) Se detonaron petardos durante la marcha, 4) Hubo policías que dispararon gas lacrimógeno a los manifestantes, 5) Los filtros de seguridad trataban de evitar el avance del contingente, 6) A la llegada de los manifestantes a la plancha del Zócalo, la policía motivó la confrontación con los manifestantes. Es evidente que ante la combinación de estos factores, el resultado final de la marcha no sería otro, más que el de la violencia.

¿Alguien gana con esto? No lo creo. Los promotores pierden porque quedan como incitadores de la violencia; los manifestantes pierden porque quedan desacreditadas sus causas, aunque sean justas y correctas; las autoridades pierden porque quedan con una imagen autoritaria y represora; la sociedad pierde porque se sigue manteniendo la polarización social y, México pierde porque ante la comunidad internacional, queda con una imagen negativa.

En otro contexto, la pregunta podría ser ¿la marcha fue un éxito? La respuesta sería ¡Sí!, ¿Por qué? porque a pesar de los obstáculos a los que se enfrentó el contingente a lo largo de la marcha, el número de personas que lograron llegar al Zócalo fue muy alto. Ondearon su bandera que se difundió en redes sociales y medios de comunicación, lograron manifestar su inconformidad. Simbólicamente se debe decir que fue un éxito.

La reflexión de la marcha: este evento debe considerarse como un parteaguas para las autoridades. El gobierno debe centrar sus acciones y objetivos en las funciones propias de la administración del país, en buscar la unidad y el desarrollo nacional. De otra manera, las manifestaciones serán más frecuentes y la violencia será el sello de cada una de ellas.

Hagamos de la seguridad, una disciplina, una norma de conducta y un principio de observancia.

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Es experto en planeación estratégica, gestión de riesgos y seguridad patrimonial, además de académico en la Universidad Panamericana

miguel.rodriguez@notiemp.com

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